Un iglú en el Atlántico

Juliette Binoche, en una secuencia de Nadie quiere la noche. / DA

Juliette Binoche, en una secuencia de Nadie quiere la noche. / DA

DIARIO DE AVISOS | Santa Cruz de Tenerife

La 65 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale) se pone en marcha. Y lo hace, por primera vez, con un cineasta español como protagonista, en este caso, la directora catalana Isabel Coixet. Su última película, Nadie quiere la noche, abre hoy la competición oficial del certamen. Un filme con conexión con Canarias, ya que una parte de su rodaje se llevó a cabo en Tenerife -lo que a su vez implicó la contratación en la Isla de distintos servicios y figurantes, entre ellos, los dos bebés que aparecen en la película- y su productor principal es Andrés Santana (Gran Canaria, 1949).

Fue este último, además, quien puso en manos de Coixet el guión del largometraje, obra de Miguel Barros. La trama “más sorprendente y maravillosa que he leído en años”, dijo entonces Santana , que hoy no faltará al estreno de la película número 19 de su trayectoria como productor; la de mayor presupuesto que ha realizado (6,3 millones de euros).

“La idea inicial era rodar en Canarias prácticamente toda la película, pero para ello necesitábamos unos estudios de 2.000 metros cuadrados que no habían aquí ni en la Península. Al final, los encontramos en Sofía (Bulgaria), así que la filmación en Tenerife la centramos en la parte que transcurría en un iglú. Unos 20 minutos, aproximadamente, de metraje”, señaló ayer Santana, momentos antes de tomar el avión con destino a la capital alemana.

Para llevar a cabo esta ambientación, inspirada en los interiores de los característicos refugios de nieve de la isla de Groenlandia, donde se desarrolla el filme, se eligieron los estudios de Plató del Atlántico, en la Dársena Pesquera de Santa Cruz. Allí se reunió la plana mayor del reparto: Juliette Binoche, Rinko Kikuchi, Gabriel Byrne y Matt Salinger. “Aunque hay ese mundo del macrohotel, Tenerife es muy bonito”, describió Coixet.

El resto de la cinta se grabó en Noruega. “Es una historia de aventuras, de descubrimiento, de dolor, de supervivencia y, por encima de todo, una maravillosa historia de amor”, apuntó Santana, que reconoció que una de las razones que trajo este rodaje a Tenerife fue el incentivo fiscal que ofrecen las Islas a las producciones cinematográficas. De ello se benefician los promotores de filmes, pero también “el propio Archipiélago, tanto a nivel económico como de imagen”. “Ahí están los ejemplos significativos de Memorias de África con Kenia o de Woody Allen y Barcelona, cuando hizo allí su película Vicky Cristina Barcelona”, explica el productor grancanario.