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“Este premio me llega en un momento de debilidad”

Roberto Torres.  | F. P.

Roberto Torres. | F. P.

J. F. J. | Santa Cruz de Tenerife
Fotos: Fran Pallero

La gala de los premios Réplica 2014 incluirá un reconocimiento al Victoria, el único teatro privado que queda en pie en las Islas. Un mérito con nombre propio: Roberto Torres.

-¿Qué supone este reconocimiento del sector?
“Me resultó de lo más extraño cuando me lo comunicaron. Me sorprendió y me halagó al mismo tiempo. Pero entiendo que este halago no es a mí en particular. Es al lugar, que está lleno de personas, tanto en el presente como en su historia. Gente que ha estado completándome en todas las facetas. Todas ellas se merecen este premio. Tristemente nunca les pude pagar lo que se merecían, pero eso no fue incompatible con que le pusieran la mayor ilusión del mundo”.

-¿Cómo surgió la idea de montar un teatro?
“Viví durante muchos años fuera, en Barcelona, y cuando volví nunca fue con la idea de quedarme de forma definitiva. Volver a Canarias me despertaba el miedo a estancarme. Pero mi madre tenía muchas ganas de que dejara la maleta y me quedara por aquí, y me sugirió que cogiera este edificio, que se iba a convertir en oficinas, e hiciera algo. Fue cuando mi madre murió años después, en un accidente de tráfico, cuando entendí que ella me había abierto una posibilidad que tenía la casa y que yo no había visto. De hecho, se llama Teatro Victoria en su nombre. En la vida hay cosas que uno decide y otras que vienen decididas. Lo más importante que yo he hecho en mi vida es este espacio”.

-¿Qué tal lleva la condición implícita de gestor y empresario?
“Me ha costado mucho asumir que yo soy eso. Siempre he querido salir corriendo de este papel. Y más con las condiciones actuales, que te obligan a vivir en un mundo casi irreal. Lo peor es que estás todo el día pensando en dinero. Pese a que lo que te gusta es la parte creativa y social, todas las obligaciones que tienes hacen que estés el día entero pensando en dinero. Nadie se puede imaginar lo que es temblar cada final de mes. Los bancos no son aliados, para nada”.

-¿Tiene apoyo institucional?
“Tengo que agradecer a las instituciones que han estado y están ahí. El teatro tiene ahora mismo ayudas del Ayuntamiento, del Cabildo, del Gobierno y del Ministerio de Cultura. De una u otra manera, están. Pero, lamentablemente, no es suficiente”.

-¿Alguna vez ha tenido la tentación de apostar por una programación más comercial?
“Me lo han planteado muchas veces y claro que he hecho algunas concesiones en este sentido, pero nunca he vendido mi alma. No es mi camino lo comercial. Mi camino es el mundo de las ideas, el mundo del conflicto del ser humano. El dinero, sinceramente, no me mueve”.

-Este espacio ha sido muy importante para la danza.
“La danza es el pilar más fuerte del teatro, el 60% de la actividad que hacemos. Aunque yo hice arte dramático y no danza, mi vínculo es con la danza. Pero, dentro de las artes escénicas, está muy desprotegida. Aún así este ha sido un lugar que ha dado grandes bailarines. Ahí está el caso de Daniel Abreu, reciente Premio Nacional de Danza, de Paula Quintana, Carmen Fumero, Laura Marrero… En el crecimiento de todos ellos, el Teatro Victoria ha sido algo. Esa es la satisfacción con la que me quedo”.

-¿Se imagina otro puñado de años más al frente de este proyecto?
“Si soy sincero, hay una parte de mí que quiere acabar. Parar e irme al campo. Una amiga me hizo hace poco la pregunta de cómo me veía dentro de unos años y maldita la hora: desde entonces no he dejado de pensar en ello. Ahora mismo puedo aportar experiencia de errores y aciertos, y eso tiene un valor, pero lo que no tengo ya es ese empuje. De los bancos estoy agotado. De tener que convencer estoy agotado. De los impuestos estoy agotado. Este premio, de hecho, me llega en un momento de debilidad, de máxima duda”.

-Tentaciones para que cambie el edificio de uso o venderlo habrá tenido algunas…
“El mayor miedo que tengo es que el banco está deseando que haga una póliza de crédito, pero no con el objetivo de ayudarme, sino de intentar quedarse con el inmueble. Ellos están viendo una empresa frágil y me asusta la posibilidad de perderlo todo después de apretarme tanto el cinturón. Mantener un espacio como este no es nada fácil”.

-¿Qué haría falta para evitarlo?
“Que la gente no estuviera tan ahogada. La gente no tiene dinero para apuntarse a unas clases de danza. También influye que las nuevas generaciones ya no ve en esto una posible profesión. La situación que vivimos está apartando a la gente de sus sueños. La lectura positiva es que todo esto es reversible. El individuo debe reaccionar. Y nunca es tarde para hacer la revolución”.