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Mecenas desde cinco euros

The Good Company durante un concierto privado para un grupo de mecenas. / J.Mª Ordóñez

The Good Company durante un concierto privado para un grupo de mecenas. / J.Mª Ordóñez

KAREN ESTÉVEZ | Santa Cruz de Tenerife

“Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias”, decía Albert Einstein. Hoy en día lo podemos ejemplificar con la producción musical, afectada por la crisis económica global y también por la irrupción de Internet en nuestros hogares. Parece que ya nada será como antes: cada vez hay menos empresas discográficas y menos tiendas de discos. Pero este panorama no marca el fin de la música.

Portada del tercer disco de The Good Company, Walden Year.

Portada del tercer disco de The Good Company, Walden Year.

Internet, que ha cerrado las puertas a la industria discográfica, también ha abierto una nueva ventana a los músicos para la creación y distribución de sus obras. Las dos caras de una misma moneda. Las nuevas tecnologías han aportado una gran cantidad de plataformas y programas que permiten al artista mostrar su repertorio sin límites, a un bajo coste y con mayor libertad creativa. Contamos con YouTube y Spotify como plataformas de distribución, las redes sociales para la difusión y programas de grabación profesional que se pueden descargar al golpe de un clic en nuestros ordenadores. No obstante, para que el producto final sea de calidad hace falta más que todo esto: hace falta financiación.

Las cada vez menos empresas dedicadas a la producción de discos y la necesidad de descartar ciertos estilos musicales a favor de otros que “se venden mejor” han llevado a los músicos, y sobre todo a los que se dedican a la música alternativa, a tirar de inventiva. Así apareció el crowdfunding, y ha llegado para quedarse. Según la Asociación Española de Crowdfunding, este sistema, que dejó en el país durante 2013 una recaudación de 19,1 millones de euros, viene a democratizar el acceso a la financiación. Y es que para dicho año, este novedoso método pagó 1,2 millones de proyectos culturales, empresariales y sociales que sin él no habrían visto la luz.

En líneas generales, consiste en la aportación monetaria a propuestas e ideas utilizando como plataforma de intercambio las herramientas que ofrece Internet. Existen diferentes sistemas de crowdfunding: la donación económica para proyectos solidarios; las recompensas destinadas a productos creativos, convirtiendo a los ciudadanos en mecenas que aportan su dinero a cambio de una compensación; la inversión destinada a empresas; o el tradicional préstamo, que se establece con un tipo de interés. De media el español hace donaciones y recompensas de 40 euros, inversiones de 4.853 euros y préstamos de 2.025 euros, según datos obtenidos por una encuesta realizada por la asociación anteriormente mencionada.

Para los músicos, el sistema de recompensa es el que más se ajusta a sus necesidades a la hora de realizar un trabajo discográfico. Para poner en marcha su proyecto deben elegir una plataforma, presentar sus objetivos y establecer un límite monetario y de tiempo. La asociación aconseja que, para alcanzar el éxito con recompensa o donación, el objetivo no debe superar los 3.300 euros y asegura que los proyectos que fracasan sobrepasan los 5.500 euros.

Ida Susal durante la grabación de su disco 'caraAcaraB'. / Cedida

Ida Susal durante la grabación de su disco ‘caraAcaraB’. / Cedida

El grupo grancanario The Good Company  fue el primero en toda Canarias en buscar financiación a través de este sistema para sacar su tercer trabajo discográfico, Walden year. Sus primeros álbumes se editaron con el sello de Mckenzie Music Productions, pero para este último querían hacer algo diferente, querían controlarlo todo. “Este sistema nos aporta autonomía, ahora hacemos las cosas cómo y cuándo queremos”, explica para DTRULENQUE su cantante, Víctor Ordóñez. Comenzaron la campaña de crowdfunding el 8 de diciembre y la finalizaron el 18 de enero de 2013, pedían 4.000 euros y consiguieron 4.415 gracias al respaldo de unos 200 mecenas. Justamente esta semana estrenaron el disco. “Al principio fue una incertidumbre porque ningún grupo de aquí lo había hecho. Tomamos el ejemplo de uno de los integrantes de Sunday Drivers. Él consiguió unos 20.000 euros en solo 10 días”, relata. La tendencia se extendió en apenas dos años y hoy en día varios grupos y músicos de vanguardia ya tienen sus discos gracias a esta manera de financiación. Marvel Hill, La Perra de Pavlov, Luis Quintana, Jesús Garriga, La Volpe Band, Fran Fernández, Ari Jiménez o Ida Susal se han sumado a esta iniciativa. Para esta última, “una buena edición física como la conseguida gracias al crowdfunding era imposible saliendo de nuestros bolsillos”.

La campaña de Ida Susal para la producción de su primer disco-libro ilustrado, caraAcaraB, también comenzó en 2013. “Tomamos el máximo de días posible: 90 días. Empezó a mediados de septiembre y acabó el 13 de diciembre”, una fecha que la cantante no olvida. “Fue un día feliz que me pilló en Barcelona, terminando una minigira peninsular que organicé intentando conseguir el empujón final para lograr mi objetivo”. Pedía 5.937 euros y consiguió, gracias al apoyo de unos 184 mecenas, 6.428 euros. La mayoría de sus aportaciones procedían de las Islas, aunque también de la Península.

Portada del primer disco-ilustrado de Ida Susal.

Portada del primer disco-ilustrado de Ida Susal.

Sumas de dinero que no son suficientes, pero que cubren la mayoría del coste total. “Los gastos de caraAcaraB alcanzaron los 11.000 euros. No solo empleé el dinero del crowdfunding, fueron vitales los apoyos personales y préstamos de amigos”, comenta Ida Susal. Lo mismo le ocurrió a The Good Company: “El dinero invertido es más del que se ha conseguido. Cuando lideras un proyecto así quieres alcanzar la mayor calidad posible. El dinero se va, sobre todo, en la grabación, mezcla, copias, incluso en la presentación, ya no vale una caja de plástico. Lo que da valor al disco físico es el packaging, el envoltorio”. “Una amiga dice que no compras un disco, compras una experiencia”, completa la tinerfeña.

Al no pertenecer a ninguna discográfica, los grupos también deben invertir una suma de dinero en la promoción. “Tenemos que hacer que la gente vaya a los conciertos y a los festivales”, señala Ordóñez. Y es que son los conciertos donde los artistas esperan sacar el mayor beneficio. También deben encargarse de la distribución. “CaraAcaraB se puede adquirir en varios puntos de venta de Madrid y Tenerife”, ejemplifica Susal.

Según la Asociación Española de Crowdfunding, existen en la actualidad unas 53 plataformas generalistas para conseguir financiación por Internet. Ida Susal utilizó lanzanos.com. “Elegí esta porque de todas las que pude conocer era la que menos porcentaje de dinero se quedaba, solo un 5%”. Mientras que The Good Company utilizó verkami.com. “Es una web a nivel nacional, la elegimos por su sencillez”, subrayan.

Para ambos, esta es la fórmula del futuro y del presente. “Es un tanteo de lo más certero, no arriesgas tanto si sacas un proyecto de mucho dinero sabiendo de antemano que el coste básico ya está cubierto”, agrega la tinerfeña. Para The Good Company, esta es la mejor opción para un grupo que empieza, “es una historia de cariño, la gente es más sensible y te ayuda a conseguir tus sueños”. El crowdfunding “mueve los sentimientos, los mecenas sienten que forman parte del proyecto”, concluye. Por eso, cuando el disco está editado, los artistas compensan a sus mecenas con regalos, dependiendo de su aportación previa. Desde discos, póster o cartas, hasta conciertos privados o una mención especial dentro del disco.

El éxito es tal que el que prueba este sistema no lo descarta para otros proyectos. “Es un filtro de viabilidad y al público le ha gustado mucho la experiencia, porque durante todo el proceso ha ido recibiendo noticias, adelantos sonoros…”, opina Susal.

“El crowdfunding viene a difuminar la línea entre el público y el artista”, finaliza Ordoñez. Su frase viene a resumir este nuevo fenómeno que, sin duda, está cambiando el panorama musical y que brinda una oportunidad a todos esos artistas que se quedan desamparados, sin medios para mostrar sus obras.