“El sexo sigue siendo tabú, pero da morbo y se consume mucho”

JOSÉ LUIS CÁMARA | Santa Cruz de Tenerife

Megan Maxwell. | DA

Megan Maxwell. | DA

Nacida en Núremberg (Alemania), pero hija de española y norteamericano, Carmen se convirtió hace casi dos décadas en Megan Maxwell, el seudónimo bajo el que firma sus obras una de las escritoras más seguidas del panorama nacional. Sus novelas eróticas se han convertido en todo un fenómeno social, aunque ha hecho incursiones igualmente exitosas en otras temáticas. Su último libro, Sígueme la corriente, ha vendido miles de ejemplares en un mes. Hoy participa en el I Congreso de Literatura Erótica, organizado por el Ayuntamiento de La Orotava y Distribuciones Tamonante.

-Megan Maxwell nació en Alemania y vive en Madrid. Pero la protagonista de dos de sus libros de más éxito (Adivina quién soy y Adivina quién soy esta noche) es de Tenerife. ¿Por qué escogió la Isla?

“Me parece un sitio especial. He estado aquí en varias ocasiones, y siempre me lo he pasado muy bien. Normalmente, cuando saco un libro suelo venir a presentarlo, pero me gustaría venir alguna vez de vacaciones”.

-Parece que el fenómeno 50 sombras de Grey ha contribuido a relanzar la literatura erótica después de muchos años en segundo plano. ¿No cree?

“La literatura erótica ha existido y existirá siempre, pero es un tipo de literatura que está rodeada de muchos tabúes. Y es verdad que a raíz de 50 sombras de Grey mucha gente, especialmente mujeres, se ha dado cuenta de que les gusta leer ese tipo de novelas, porque antes se pensaba que una novela erótica era sólo sexo, sexo y más sexo; y en realidad, muchas de esas novelas se pueden catalogar como eróticas y románticas. Pero es una cuestión de modas, como cuando la gente leía libros de vampiros o de templarios”.

-Da la sensación de que mucha gente se acerca a este tipo de obras por el morbo que despiertan, lo que no obstante también es lícito y rentable para el sector…

“Sin duda. El propio sexo despierta mucho morbo. Y las cosas que son tabú son las más morbosas y las que más se consumen, a pesar de que nadie lo reconozca. Yo lo comparo con el fenómeno Gran Hermano, que nadie lo ve pero todo el mundo conoce perfectamente lo que está pasando y quiénes son los concursantes. Con la novela erótica pasa lo mismo. Antes nadie reconocía que las leía, pero a raíz de la publicación de 50 sombras de Grey parece que todo el mundo consume este tipo de literatura”.

-Sus personajes son mucho más cercanos al estereotipo de persona real, y viven situaciones cotidianas, lo que ha atraído a un público más normal, por decirlo de alguna forma. ¿Hay también un poco de Megan Maxwell en esos personajes y esas historias?

“En cualquiera de mis historias, no sólo en las eróticas, hay un personaje femenino recurrente, decidido y guerrero. Es una constante en mis libros. Pero mi verdadera inspiración sale de Google, que te da mucha información sobre cualquier tema. Por ejemplo, he escrito novelas sobre los viajes en el tiempo, cuando nunca he vivido algo así. O novelas medievales, y por supuesto no he estado en la Edad Media. Pero ahora parece que en las novelas eróticas sí tengo que reflejar cosas que me han ocurrido, cuando realmente no es así. En Pídeme lo que quieras traté de mostrar personajes reales, como un hombre al que le gusta el sexo, sin traumas de ningún tipo, una persona normal que conoció a una chica a la que le ofreció probar el intercambio de parejas. Una situación que ocurre a menudo hoy en día”.

-La crisis ha golpeado con especial crudeza a la cultura, y no es fácil vivir de la literatura. ¿Se considera una privilegiada?

“Dedicarse a la literatura siempre ha sido muy complicado, y yo tengo la suerte de que desde hace dos o tres años puedo hacerlo. Pero antes trabajaba como secretaria en una asesoría, y no dejé de trabajar hasta que mi hijo enfermó y me dediqué a cuidarlo. Tuve suerte de que mi marido trabajaba, pero estuve mucho tiempo sin que me publicaran nada. Y tengo que decir que tampoco podría vivir de esto sin el ejército de guerreras que me siguen y compran mis libros”.

-Su carrera ha sido meteórica, porque en apenas tres años se ha convertido en una de las escritoras más leídas y seguidas del país. ¿Cuál es la receta del éxito?

“Llevo escribiendo 22 años, pero durante 15 las editoriales no quisieron publicarme nada. Pero como a mí lo que realmente me gustaba era escribir, nunca dejé de hacerlo. Y tuve la suerte de que ahora, después de que fuera conocida, he podido publicar muchas obras que tenía guardadas en un cajón. La receta es dedicación, esfuerzo y suerte”.

-Pero no es nada fácil escribir 24 novelas (sólo este año saldrán otras tres más)…

“Siempre fue mi pasión, y aunque al principio no me publicaban, nunca dejé de hacerlo”.

-A pesar de que se la conoce fundamentalmente por la temática romántica y erótica, se ha introducido en otros géneros y temas…

“Sí. Pero también dentro de la propia novela romántica he abordado temáticas como la Edad Media, el time travel, etc. Y tengo otra serie de novelas que están más vinculadas al thriller, porque tratan de una serie de asesinatos; y otras relacionadas con temas sociales. Aunque a mí lo que realmente me gusta escribir es novela romántica”.

-El hecho de escribir con pseudónimo generó hace unos años una cierta polémica en torno a usted, e incluso se dijo que no había nadie detrás de Megan Maxwell, y que un negro escribía sus novelas. ¿Fue algún tipo de campaña publicitaria? ¿Por qué ese seudónimo de Megan Maxwell?

“Es mucho más simple que todo eso. Durante todos esos años que nadie quería publicar mis novelas, decidí mandar algunas a varios concursos. Y en ellos me exigían que pusiera un pseudónimo por fuera del sobre lacrado donde iba la obra; se me ocurrió escribir el nombre de Megan. Y me prometí que si alguna vez me publicaban alguna obra, iría firmada con ese nombre. Ahora, escribir con mi verdadero nombre sería como dar un paso atrás, porque todo el mundo me conoce como Megan Maxwell”.

-Y eso ha provocado que mucha gente piense que es extranjera…

“Es verdad, y no están del todo equivocados. Soy de origen alemán, porque nací en Alemania; pero mi padre es americano y mi madre española, y vivo desde hace muchos años en Madrid. Mis padres me dijeron una vez que si me hubieran puesto un nombre americano, habría sido Megan. Por eso lo escogí”.

-¿Qué opina del IVA cultural?

“Realmente, no me gusta hablar del tema, porque es muy complicado, especialmente para muchos autores y para los lectores. Cuantas más trabas pongan a la literatura, peor. Es una putada, hablando mal y pronto, pero es la palabra que mejor lo define”.