Una terapia de risa

Uno de los momentos del espectáculo Lutherapia, puesto en pie por el célebre grupo argentino. / FRAN PALLERO

Uno de los momentos del espectáculo Lutherapia, puesto en pie por el célebre grupo argentino. / FRAN PALLERO

KAREN ESTÉVEZ | Santa Cruz de Tenerife

Les Luthiers lleva 47 años sobre los escenarios y se nota. Su último espectáculo, Lutherapia, que se mantendrá en cartel hasta el domingo 29 de marzo en el Auditorio de Tenerife Adán Martín, podría considerarse el show de la experiencia y la madurez. Gracias a él los argentinos fortalecen las bases de un humor que trasciende las fronteras geográficas, de sexos, creencias e ideologías, y que no caduca a pesar de los años. Este espectáculo, que utilizó como hilo conductor una terapia de psicoanálisis -un estereotipo muy argentino-, transformó también las butacas de la sala Sinfónica en divanes y a cientos de espectadores en pacientes -a pesar de ser lunes, la sala estaba casi llena-. Fue, en definitiva, una fructífera sesión de risoterapia.

Una tesis sobre la influencia de la semiología estructuralista musicológica de las obras de Johan Sebastian Mastropiero, compositor de cabecera de Les Luthiers, fue el punto de partida de casi dos horas de obra. Sus consecuencias se convirtieron en diez piezas donde se mezclaban a partes iguales la genialidad, la música y el mejor humor. Tiempo que sirvió para demostrar una vez más el virtuosismo de los componentes de este grupo, que siempre ha estado a medio camino entre lo cómico y teatral y lo puramente musical. A Tenerife llegaron seis componentes, a Daniel Rabinovich, de baja por enfermedad, lo sustituyeron Horacio Tato Turano y Martín O’Connor. Aunque su ausencia se hizo notar para los seguidores del grupo, los sustitutos realizaron un trabajo sobresaliente.

Como en todos los shows de Les Luthiers, en este también destacó el gran nivel musical y la originalidad de sus instrumentos. Pablo Reinoso y Fernando Tortosa (creador del bolarmonio) plasmaron su firma en Lutherapia. Fueron justamente el bolarmonio, un instrumento construido con balones y tuberías, y la exorcítara, una especie de arpa gigante con luces de neón, las que causaron mayor expectación en el público, que no dudó en ovacionar a los intérpretes. No obstante, el sonido en general era muy reconocible, con una pieza disruptiva al ritmo de la cumbia: Dilema de amor, acompañada de una letra muy singular sobre un debate filosófico en la pista de una discoteca. Un disparate que acabó planteando un nuevo significado para la palabra “epistemología”. Recordaron en ese momento a fragmentos tan reconocidos como Los jóvenes de hoy en día, del espectáculo Todo por que Rías.

Ninguno de los sketches de Les Luthiers defraudó, y el público hizo que se notara. Cada chascarrillo era contestado con oleadas de risas, desde El cruzado, el arcángel y la harpía; pasando por La pasión bucólica o la Aria Agraria, hasta las introducciones presentadas por el psicoanalista y el paciente. Fue en la última pieza, El día del final, donde los artistas argentinos aprovecharon para hacer una crítica social más acentuada.

Diferencias

Existe una diferencia abismal entre verlos en directo y hacerlo a través de Internet, en plataformas como YouTube, donde se pierden pequeños detalles, desde gestos, el feedback del público, matices en el guión, la iluminación y el sonido, o el simple programa, una pequeña obra de arte ilustrada por Marcos García.

Y es que ya son nueve las veces que ha arribado el avión de Les Luthiers a Tenerife. Nueve veces las que han dejando sus cinco componentes -esta vez seis- y todo su equipo técnico un sinfín de anécdotas. En una entrevista, decía Jorge Maronna que al finalizar Lutherapia el público saldría “más feliz, curado, sin problemas”. Esto se debe a que todos somos zambos. Somos todos matiz. Matizamos como somos. Zimbamos todos ambos. Somos matizambos. Motizamos mosto toso. Todos somatizamos.