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Fernando Delgado“Voy a la política para arrimar el hombro; por ambición sería ridículo”

Foto SERGIO MÉNDEZ

Foto SERGIO MÉNDEZ

J. F. J. | La Laguna

Fernando Delgado (Tenerife, 1947) vive días de máximo ajetreo. A su reciente incorporación a la política, como número 2 del PSOE en la Comunidad Valenciana, se suma la presentación de su último libro, Sus ojos en mí, el martes en Madrid.

-Por dónde prefiere empezar: ¿política o literatura?

“Mejor por la literatura; que la política no vaya a tapar el nuevo libro. Me entrego generosamente a la política, pero mis libros son mis libros”.

- ¿Con qué se va a encontrar el lector en esta novela, recién galardonada con el Premio Azorín?

“Con Teresa de Jesús, que no es poco. Pero no he querido hacer una novela biográfica, ya que ha sido ella misma la que mejor ha contado su vida. He preferido poner el foco en una relación amorosa que tuvo con Jerónimo Gracián. Un amor cargado de sensualidad, intenso, fascinante y de preocupación por la ausencia del otro. Son muchas las vertientes del amor que se muestran. Ha habido monjas ilustres que han sido grandes escritoras, pero en el caso de Teresa de Jesús, el hecho de ser santa, ha perjudicado su visión como escritora. Sobre todo en nuestro país, donde llegaron a nombrarla patrona de la sección femenina de Falange”.

-¿Novela romántica o histórica?

“Ni una cosa ni otra. El subgénero histórico no me gusta, aunque aquí era inevitable. Todo lo que se dice en boca de Teresa de Jesús está escrito por ella. Lo mismo pasa con ese personaje menos conocido que es Jerónimo Gracián. No es una novela de una; es una novela de dos. La definición de romántica no cabe en esta relación tan intensa”.

-La crítica ha destacado la original estructura argumental.

“La estructura siempre me ha resultado fundamental y aquí hay varios narradores que se reúnen cada tarde para revisar la historia y, en esa tarea, entran también sus propias historias. Sobre todo en la primera parte de la novela, hasta la muerte de Teresa de Jesús. Luego desaparecen dos de esos tres narradores y, años mas tarde, uno recibe aquel manuscrito y se ve obligado a concluirlo. En la segunda parte es donde Jerónimo Gracián es perseguido por seguir las ideas de una mujer. Todas esas vicisitudes se narran hasta concluir a las puertas de Brusela. El cómo deberá descubrirlo el lector”.

-El libro también escarba en las luchas de poder, un asunto siempre de actualidad…

“La España del siglo XVI era, en ese sentido, especialmente brutal. Las luchas de poder se daban en las iglesias y en el Estado. Además, Teresa de Jesús, mística y espiritual, tampoco hacía ascos al poder y se relacionaba con él. Luego estaban los poderes dentro de la propia orden del Carmelo, los reformados y los reformistas, y es curioso cómo al final Gracián es víctima de los suyos, de los reformistas, y termina muriendo en un convento de los reformados. Esto también lo ve uno en las organizaciones modernas. Que los nuevos acaban adquiriendo los vicios de los viejos y terminan siendo lo mismo. El poder corrompe”.

-¿Qué le ha costado más, la tarea de documentación o ponerse delante de la hoja en blanco?

“Lo que más trabajo me costó fue encontrar voces contemporáneas para narrar la historia. La documentación, aunque no es una cosa a la que esté acostumbrado, fue gratificante. Me obligó a leer intensamente la obra de Teresa de Jesús, de Gracián y sobre ese tiempo. Con lo que he disfrutado más ha sido leyendo a la propia Teresa de Jesús. Un personaje poliédrico, con mucho sentido del humor y de una enorme intensidad”.

-Y eso de presentarse al Premio Azorín con seudónimo (Juana Dantisco), ¿por qué?

“Si me hubiera presentado con mi nombre corría dos riesgos: que me lo dieran por amor o que me lo dejaran de dar por antipatía. De todos modos, el seudónimo forma parte de las reglas del juego cuando se trata de personas conocidas”.

-Su estantería está llena de reconocimientos: Premio Benito Pérez Armas, Europa de Salerno, Planeta, Ondas, Azorín. De ego debe andar colmado…

“Te ayudan a vivir y a difundir la obra, pero los premios no constituyen la satisfacción plena. Conozco a pocos escritores que estén profundamente satisfecho del resultado de su obra. Y a los que conozco así no me parecen personas a imitar. Siempre hay que ser crítico e insatisfecho con lo que uno hace”.

-Periodista, escritor y ahora también político.

“Político fue Pérez Galdós, Azorín o Blasco Ibáñez, que ejercieron de parlamentarios. Yo voy allí a compartir el debate sobre un tiempo nuevo. No voy a la política para vivir de ella o por ambición. Si tuviera ambiciones políticas a mis 67 años sería ridículo. Voy como iban los griegos: pasaban por allí, prestaban un servicio y se volvían a su casa. Voy con ánimo de arrimar el hombro, en un momento distinto para la vida de este país. La política debe ser un espacio ético y de servicio; nada que ver con las derivas de corrupción a la que la han llevado algunos”.

-¿Tuvo que pensarse mucho la propuesta?

“Casi todo en mi vida ha sido muy previsible. Soy una persona con una vocación muy marcada y he sabido siempre lo que he querido hacer. Lo único imprevisible ha sido esto”.

- ¿Y por qué el PSOE?

“Toda mi vida, incluso en el franquismo, mis amigos más radicales de izquierda me llamaban socialdemócrata de mierda. El PSOE es el único partido que, con sus virtudes y defectos, representa el espacio ideológico al que pertenezco. No he variado de acera nunca. Siempre he tenido claro mi camino”.

-Y, ¿cómo están siendo estas primeras semanas de candidato? ¿Le ha llamado algo la atención?

“Cuando me comprometí ya avisé que coincidía con la salida de mi novela y que tenía compromisos adquiridos. De forma que, por ahora, no he tenido mucha vida política más allá de reuniones con colectivos que han querido hablar conmigo sobre temas de educación y cultura. Me preocupa mucho la cultura vinculada a la educación, ya que sin un país bien educado no tendremos consumidores de cultura. Dicho de otra manera: más que preocuparme de los escritores quiero ocuparme de los lectores”.

-¿Cuál es el adversario de los socialista: el PP o Podemos?

“El adversario político siempre es la derecha. Lo que no sé es el lugar de Podemos. Algunas veces es de centralidad y otras no. Si se sitúan en la socialdemocracia no serán muy adversarios”.

-En la Comunidad Valenciana, tras 20 años de gobierno popular, se va a librar una de las batallas electores más interesantes. ¿Qué escenario vislumbra?

“El resultado creo que será un gobierno de pacto. Parece lógico pensar que dejará de haber un gobierno monocolor”.

-¿Se compromete a estar los cuatro años, aun en la oposición?

“Me parece que es lo correcto. Hay que ser fiel al compromiso que uno ha contraído. Pero nadie tiene ninguna obligación, ni ellos conmigo ni yo con ellos”.

-¿Es partidario de que gobierne la lista más votada?

“La lista más votada no es la mayoría. En democracia tienen que gobernar las mayorías. La lista más votada supone un menor número de votos que la suma del resto de opciones. Este debate se acabaría con la reforma de la ley electoral. Es un poco vergonzoso que solo se hable de ello cuando le interesa a un determinado partido”.

-Si llega a ser el PSOE canario el que le abre sus puertas, ¿también habría aceptado?

“No vivo en las islas, así que no me habría parecido bien aterrizar allí. Aquí, en cambio, vivo y es la sociedad que me rodea. Lo normal es que uno se interese por los próximos. Otra cosa es la identidad; eso nunca se pierde”.

- Después de 40 años residiendo en la Península, ¿la vuelta a Canarias está descartada?

“Soy un insular de espíritu profundo. La insularidad es consustancial a uno, pero cada vez que piso un aeropuerto, donde se nos humilla hasta quitarnos los pantalones, se me quitan las ganas de ir a vivir a una isla”.