La Bajada de la Virgen de las Nieves y su valor patrimonial

MANUEL POGGIO CAPOTE | Santa Cruz de Tenerife

La Bajada de la Virgen de las Nieves de La Palma constituye una de las manifestaciones festivas del ámbito regional canario de mayor y más elevado alcance. La antigüedad, la continuidad, la creatividad, la variedad y la ritualidad que dan luz a su programa nos descubren una convocatoria difícil de hallar en ninguno otro punto del mapa lúdico-festivo nacional.

En el marco festejante se encuentran números de significativa relevancia, como el Carro Alegórico y Triunfal (sobre todo, en su versión de auto mariano callejero, movido por yuntas de bueyes), el añejo Diálogo del Castillo y la Nave, inspirado en la historia pirática de su puerto principal, la peculiar Danza de Enanos, heredera de la fiesta del Corpus Christi, o las antiguas romerías de Bajada y Subida del Trono, cuya banda sonora histórica se componía de romances, tajarastes y sirinoques. Además, junto a estos espectáculos, se inscriben distintos eventos de especial interés, como el Izado de la Bandera de María (con su correspondiente recorrido procesional), la Danza de Acróbatas (número circense incorporado a finales del siglo XIX), el desfile de la Pandorga, el Festival del Siglo XVIII o la Danza Infantil Coreada, los cuales rubrican asimismo el ceremonial alegórico de la fiesta.

Finalmente, también disponen cabida otros actos que armonizan el esquema lúdico con la simbología festiva local. Entre estos últimos cabe mencionar la Danza de Mascarones, la Batalla de Flores, las loas, los fuegos labrados o los episodios que se recuperan en esta edición de 2015, como son la Poesía Mural y Luminarias, el repique general de campanas, la Cabalgata Anunciadora o la propuesta de estreno del espectáculo denominado Fantasía Visual.

La sucesión de todos estos números, insertos en un medido protocolo de anuncio de la llegada de la imagen mariana, desarrollado en las calles y plazas de Santa Cruz de La Palma, resalta aún más el valor de la cita. No en vano, el saber y el gusto de muchas generaciones han conseguido cuadrar la extraordinaria multiplicidad de la fiesta en un perfecto puzzle, en el que, en más de un caso, cada pieza se enmarca dependiente de otra.

Más de veinte números tradicionales (ideados, elaborados y puestos en escena por el pueblo e incorporados a un programa de recibimiento preciso y original) confluyen en convertir la Bajada de la Virgen en una convocatoria redonda. En este guion, la práctica totalidad de las artes como son el teatro, la danza, la música, la poesía y la creación literaria, los desfiles, la arquitectura efímera o el canto, convergen y se renuevan cada cinco años en un sencillo aparato escénico callejero.

Los atributos tradicionales de la cita lustral quedan dibujados de esta manera como patrimonio auténtico de la fiesta, conjugándose en ellos tres valores: la imagen de la Virgen (y lo que ha supuesto en la historia socioeconómica y devocional de La Palma), la Ciudad (en cuanto a escenario) y la gente (agente hacedor, a la vez, partícipe y espectador). Se trata, en definitiva, del significado de lo material y lo intangible, de lo popular y lo culto, de lo humano y lo divino. El valor de la Bajada de la Virgen.

* Cronista oficial de Santa Cruz de La Palma