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Ismael Serrano: “Los cantautores no estamos bien vistos casi en ningún lugar”

Ismael Serrano presenta hoy en el Teatro Guimerá su disco ‘La llamada’. / FRAN PALLERO

Ismael Serrano presenta hoy en el Teatro Guimerá su disco ‘La llamada’. / FRAN PALLERO

J. F. J. | Santa Cruz de Tenerife

El Teatro Guimerá de Santa Cruz recibe esta noche (21.00 horas) a Ismael Serrano, uno de los grandes cantautores de la escena nacional. Acompañado de dos músicos y una puesta en escena más ambiciosa de lo que en él es costumbre, presenta las canciones de su último disco, La llamada, un trabajo de marcada influencia latina.

-Esta vez se atreve con la bachata, el son, la samba e, incluso, el reggaetón. Un álbum en el que manda el ritmo sobre la melodía.
“A la hora de escribir las canciones, aquí quise partir de otro lugar. Por lo general, agarraba la guitarra y empezaba a componer. Esta vez empecé desde el ritmo y acudí a la tradición musical que siento más cercana, la latinoamericana. Quería que fuese otro el patrón y eso, a su vez, lleva a otro tipo de estribillos, de métricas. Y es así como surgen otras canciones, más corales. Los cantautores somos gente que no estamos bien vista casi en ningún lugar. Los músicos creen que somos poetas que privilegiamos la letra. Para los poetas, en cambio, somos cantantes que nos dedicamos a construir versos y necesitamos melodías para defenderlas. Y acabamos creyéndonos esos prejuicios y entrando en una competición absurda a la hora de componer. Te vuelves más hermético armónicamente y pierdes la perspectiva de lo que es la canción popular. Esta vez he querido ir a la raíz, a esa canción tradicional, sin enredarme en disquisiciones absurdas. Componer de forma natural, divirtiéndome. Y darle al disco un carácter de celebración. Creo que es un trabajo más luminoso que los anteriores”.

-Y el peso de las letras tan característico en su repertorio, ¿dónde ha quedado esta vez?
“Hay tres factores en mi vida que han aparecido y que han influido en este sentido. Uno es la crisis y sus efectos devastadores. Está presente y no se puede mirar para otro lado. Otro factor son mis 40 años. Te dan una cierta serenidad y, en mi caso al menos, te desvisten de una solemnidad con la que te has recargado en anteriores ocasiones. Y, por último, el nacimiento de mi hija, que me ha impregnado de un carácter de celebración y renovado la mirada”.

-Ahora que le acompaña una banda, ¿se sigue sintiendo cantautor o más cantante pop?
“Somos cantantes que hacemos música popular. Es verdad que en el cantautor hay una predisposición a la canción social, en la que se mezcla el activismo con el oficio. Lo peligroso es que el activismo se convierta también en un oficio. Yo le canto a lo que me emociona y me sigo sintiendo cantautor, pese a que el lenguaje escénico haya cambiado y me acerque más a otros lugares. Más allá de las etiquetas, me interesa pasármelo bien”.

-A peores tiempos sociales, ¿mejores tiempos para compositores como usted?
“Sientes una rabia e indignación que te llevan a sentir como urgente ciertos mensajes.El fin del mundo solo empieza cuando llama a las puertas de tu casa. Y en tiempos de espejismo quizá sea más necesario que nunca un cantautor que nos avise, que nos cuente. Lo que no sé es si los músicos estamos a la altura de las circunstancias. Hasta qué punto estamos sabiendo contribuir al relato colectivo que se está construyendo. Están ocurriendo muchas cosas y dudo si, de algún modo, estamos yendo a nuestra bola. Como niños pijos que queremos seguir instalados en ese espejismo, que empuja al escapismo y no tanto a la reflexión. Hay una cierta resistencia a implicarse”.