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Heyerdahl expone en CajaCanarias su ejército de paz

Marian Heyerdahl, junto a parte de su colección de esculturas de terracota. / SERGIO MÉNDEZ

Marian Heyerdahl, junto a parte de su colección de esculturas de terracota. / SERGIO MÉNDEZ

J. F. J. | Santa Cruz de Tenerife

Un ejército formado por 65 esculturas, hechas la mayoría de arcilla y otras en bronce, ocupan desde ayer las tres plantas de la sala de exposiciones del Espacio Cultural CajaCanarias, en Santa Cruz. Es la exposición de la artista noruega Marian Heyerdahl titulada La Mujer de Terracota; un canto a la paz y contra los abusos de poder, las guerras y la vulnerabilidad de las mujeres y los niños. La muestra, que se puede visitar hasta el próximo 25 de julio, ha pasado por Asia y Europa y esta es la primera vez que se puede ver en España.

Un detalle de una obra. / S.M.

Un detalle de una obra. / S.M.

Marian Heyerdahl (Oslo, 1957) es hija del mítico explorador y aventurero Thor Heyerdahl, residente en la Isla durante sus últimos años de vida. Con motivo del centenario de su nacimiento, Puerto de la Cruz le dedicó hace pocas fechas una exposición, en cuya organización se implicó su viuda, Jacquelin Beer. De ahí el especial interés de Marian Heyerdahl por que fuese Tenerife el emplazamiento de esta su primera gran muestra en territorio español. El presidente de la Fundación CajaCanarias, Alberto Delgado, señaló que se trata de una de las más importantes citas de esta temporada en las islas, dado su interés humanístico y artístico. Estas mujeres, subrayó, iluminan la condición femenina. Inspirándose en el monumental conjunto escultórico que se halla en Xian, la artista se valió de la misma arcilla modelada y endurecida al horno (terracota) de aquellos artesanos chinos para esculpir su particular ejército de figuras.

Una colección de piezas que en el Espacio de CajaCanarias se hacen acompañar de una adecuada iluminación y música ambiental que invita “a la observación y el diálogo con ellas”, dijo Heyerdahl. Su propósito, explicó, es rendir tributo al sufrimiento de las víctimas inocentes que, en este arranque del milenio, aún siguen pagando el precio más alto de la injusticia y la barbarie que rodea a toda guerra: las mujeres y los niños.

El pueblo chino fue el primero en conocer y hacer suyo este mensaje de tolerancia y respeto que propone la artista. Desde entonces, esta exposición se ha convertido en un embajador de la paz que no ha dejado de recorrer el mundo: desde Seul a Estocolmo, desde Delft a Milán, donde las mujeres ocuparon el imponente Castello Sforzesco.

“Cuando presenté las esculturas en China estaba muy nerviosa por si les resultaba ofensivas. De hecho, estaba preparada por si tenía que llevarme las piezas de forma inmediata. Pero, afortunadamente, no fue necesario: aceptaron muy bien la obra y sentí una profunda satisfacción por ello”, describió la artista noruega.