LA CRÓNICA > CONCIERTO DE ISMAEL SERRANO

Una denuncia social con más ritmo

Imagen durante el concierto de este martes. / FRAN PALLERO

Imagen durante el concierto de este martes. / FRAN PALLERO

SARAY ENCINOSO | Santa Cruz de Tenerife

Había tocado dos canciones cuando se dirigió por primera vez a las más de 700 personas que llenaron el Teatro Guimerá el martes por la noche. Ismael Serrano ha cambiado mucho o somos los demás los que hemos cambiado. Sigue cantando Papá Cuéntame otra vez a modo de despedida, pero habla menos con sus seguidores y ha incorporado el candombe, el son, la samba y hasta el reggaeton a su repertorio. Presentó en Santa Cruz La llamada -su último disco y probablemente el más innovador en cuanto a registros musicales populares- con una puesta en escena más propia de un cantante pop que de un cantautor y con escasos monólogos entre canción y canción. Comenzó con temas del trabajo que vino a presentar, pero los alternó con algunos de otros tiempos que el recinto coreó con ganas. Tuvo tiempo para sentir vértigo ante el paso del tiempo, reconocer que últimamente anda algo perdido, recordar viejos amores, reivindicar la lucha de las Madres de la Plaza de Mayo, prometer que no estaremos solos y ensalzar las utopías del recién fallecido Eduardo Galeano. Estaba, como le gusta decir, entre familiares y amigos.

El cantautor de Vallecas ha visitado Tenerife muchísimas veces. Desde que empezó a consolidarse en la escena musical nacional, la Isla ha sido una escala constante en sus giras. La congregación de fieles no lo abandona nunca: llenó hace más de diez años la discoteca que, con distintos nombres, continúa al lado del Parque Marítimo, y ha hecho lo mismo en el Parque de San Francisco, el Teatro Leal y el propio Guimerá. Acaba de cumplir 41 años y tiene una hija de uno. Probablemente ese contexto ha influido en que en esta ocasión haya querido hacer un disco de celebración, a pesar de los tiempos que corren. Según dijo ante sus fieles tinerfeños -y algunos latinoamericanos que también acuden puntualmente a las citas con Ismael-, es un disco que “se puede bailar”. Lo cierto, sin embargo, es que aunque asegure que ya no antepone tanto las letras a la música y que intenta hacerlo al revés, sus canciones rara vez invitan a mover el cuerpo. Eso sí, es imposible estar quieto en uno de sus conciertos: sus letras te invitan a viajar, aunque no te muevas del asiento durante las dos horas y media, o más, que pueden durar sus actuaciones. No solo hasta esos años de la Transición que critica en la letra que él y su hermano le dedicaron, a modo de queja, a su padre. Las canciones de Ismael tienen ese toque de denuncia social que tan poco gustan a algunos y que tanto emocionan a otros. Habla del paro, de las pateras, de Palestina y hasta de la ley mordaza, si hace falta. No tiene pudor a la hora de defender sus convicciones ideológicas; es más, ha hecho campaña por Izquierda Unida en alguna ocasión.

En Tenerife volvió a dar uno de sus generosos recitales. Empezó pasadas las nueve y cuarto de la noche, pero no abandonó el escenario hasta las doce menos cuarto. Veinticinco euros bien aprovechados. Cuando no había transcurrido una hora de concierto llegó la sorpresa: deslizó un telón translúcido que cubrió todo el escenario y en el que se proyectaron imágenes alusivas a los temas que siguieron. Vimos la persistente lluvia, el mundo o secuencias de protestas ciudadanas mientras la música no cesaba. Debajo Ismael seguía cantando y tocando la guitarra.

Además, como ya es costumbre, Serrano subió a un amigo al escenario. No es extraño que lo haga. Ayer le tocó a Andrés Molina, que accedió encantado cuando había comenzado el momento de los bises. Interpretaron juntos un tema incluido en el último disco-libro del canario, Otros te verán arder. Ismael presentó a su amigo con cariño y admiración, la misma que manifestó Molina al encontrarse con la oportunidad de interpretar una de sus canciones ante un público numeroso que respondió con sincero entusiasmo. La amistad entre ambos no es nueva. Ismael fue uno de los artistas que participó en la grabación de Desnudo, de Molina, junto con Luis Pastor, Caco Senante, Rogelio Botanz y Mestisay, entre otros. Además de ese lujo, Serrano se dio un gusto poco habitual en él: versionó a Manolo García (Insurrección) y a Joaquín Sabina (Peces de ciudad).

El gran pero de la noche, sobre todo para los que hemos visto a Ismael mucho, fue la ausencia de Javier Bergia, un músico que desde hace años lo acompaña allá donde vaya. Esta vez vino únicamente con un teclista y un percusionista que, especialmente el primero, merecieron más tiempo para dar rienda suelta a su creatividad.