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Guerín reivindica el cine de autor y el legado de los videoclubs

El cineasta José Luis Guerín, ayer, en la Fundación CajaCanarias. / SERGIO MÉNDEZ

El cineasta José Luis Guerín, ayer, en la Fundación CajaCanarias. / SERGIO MÉNDEZ

J. F. J. | Santa Cruz de Tenerife

Los cineastas Víctor Erice (Vizcaya, 1940) y José Luis Guerín (Barcelona, 1960) cerraron ayer la quinta edición del Foro Enciende la Tierra, que anualmente organiza la Fundación CajaCanarias, con una charla titulada El despertar de la mirada, en la que hablaron de sus experiencias como realizadores y espectadores de cine y sobre aquellos aspectos que los hacen diferentes a la generalidad de los autores nacionales con más notoriedad en el presente.

Antes del encuentro con el público asistente a la charla, que abrió la proyección del último trabajo de Erice, Vidrios partidos, Guerín mantuvo otra charla con los medios de comunicación en la que no mostró especial interés por sumarse a los elogios que, mayoritariamente, recibe el momento actual del cine español. “Si en lugar de preguntarme por España me preguntaran por Alemania, Grecia o Suiza, la respuesta sería la misma: globalmente no me interesa. No me interesa el cine español, como no me interesa el griego o el alemán”. Guerín prefiere hablar de “ciertos autores”. “Excepciones e individuales, que para mí son las que mantienen viva una cinematografía”. “Me irrita mucho cuando me invitan a una muestra en el extranjero bajo el título de cine español o catalán. Mis películas solo me representan a mí mismo”, señaló.

Puestos a citar nombres de referencia, prefiere quedarse con los clásicos, como “Buñuel y Berlanga” o con su compañero de debate en la cita de ayer, Víctor Erice. “Son los grandes creadores de imágenes con los que me siento en deuda”.

“No me interesa el cine español, como no me interesa el griego o el alemán”, afirma

Reconoce que su cine es de “minorías” y asegura que el espectador ideal para cualquier cineasta es aquel que muestra “curiosidad” y “predisposición a recibir”, y no el que “quiere ver siempre la misma película contada con una serie de variantes”. “Yo nunca fuí a una escuela de cine. Mi aprendizaje se gestó a partir de ver películas, fundamentalmente en videoclubs. Hoy en día, sin embargo, hay muy pocos videoclubs y muchos festivales. ¿Por qué? Porque un festival es rentable electoralmente. El político de turno se fotografía con la vedette, ponen los logos en todas partes, los patrocinadores dan sus discursos y hay un eco mediático”. Guerín también habló sobre el documental, un género que ha cultivado a lo largo de su trayectoria y que con En construcción (2001) le acercó a su mayor colección de reconocimientos (Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián, Premio Nacional de Cinematografía y Premio Goya a la Mejor Película Documental). “El documental y sus aledaños te abren una gran perspectiva para contar historias de otra manera. Te permite contar cosas muy personales, pero sirviéndote de realidades de otras personas. Y eso supone una renovación. Por eso alterno la ficción y el documental”. De hecho, dijo, “un crítico me hizo ver que mis películas impares me salen de ficción y las pares documentales”.

Apuntó el autor catalán que el documental que más le ha llamado la atención de la cartelera últimamente es Citizenfour, sobre el antiguo empleado de la CIA Edward Snowden y sus revelaciones sobre vigilancia mundial. “Es políticamente importante y muy relevante formalmente”, dijo.

Precisamente, este filme, elegido mejor documental en la ultima edición de los Premios Óscar, se emite este fin de semana en TEA Tenerife Espacio de las Artes.