La Laguna reúne la trascendental obra de los artistas de Worpswede

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J. F. J. | Santa Cruz de Tenerife

El antiguo Convento de Santo Domingo de La Laguna alberga una de las muestras expositivas del año en Tenerife; exponente de los orígenes del arte moderno en Alemania. Formada por dibujos e impresos del periodo 1895-1906, la colección acerca al visitante a la producción artística que realizaron un grupo de jóvenes urbanitas de aquel país que un buen día decidieron emigrar al campo, atraídos por los paisajes y la naturaleza, y firmaron notables exposiciones conjuntas.

Fue la llamada colonia de artistas Worpswede, nombre de la pequeña aldea que los acogió, ubicada muy cerca de Bremen. Esta aglutinó a nombres como Fritz Mackensen, Otto Modersohn y Hans am Ende, sus miembros fundadores, y encumbró tiempo después a Paula Modersohn-Becker, la pionera del arte moderno en Alemania.

La muestra se puede visitar hasta 1 de julio, de lunes a viernes en horario de 11.00 a 14.00 horas y de 17.00 a 20.00 horas, y los sábados de 11.00 a 14.00 horas. Casi todas las obras presentes han sido cedidas por la Fundación Paula Modersohn-Becker de Bremen y los herederos de Otto Modersohn. La muestra se completa con libros donados por Wolfgang Werner.
Han pasado décadas de aquella etapa y su legado “no ha perdido nada de su fascinación”. “Al contrario: tanto en el ámbito artístico como en la sociedad, la discusión acerca del hombre, la naturaleza y el paisaje ha adquirido aún más actualidad”, cuenta Ursula Zeller en el catálogo de la muestra. “La fascinación por una obra de arte total, unificadora de vida y arte, de literatura y pintura, de lo burgués y lo campestre, encontró forma y contenido en Worpswede”, añade Wulf Herzogenrath.

Katharina Erling, en la misma publicación, realiza una aproximación a lo que fue aquel autoexilio de este grupo de artistas y su posterior salto a la fama. “Worpswede estaba aislado del mundo, en medio del llamado Teufelsmoor (Pantano del Diablo). Sus habitantes llevaban una vida dura y miserable”.

“Mackensen fue el primero en llegar a Worpswede, en 1884, por invitación de una conocida. En el verano de 1889 le siguieron Modersohn y am Ende. En 1893 y 1894 se mudaron otros dos amigos de la Academia de Düsseldorf: Fritz Overbeck y Heinrich Vogeler. También era considerado parte del círculo Carl Vinnen, hijo de una familia de patricios de Bremen”. El modelo a seguir eran los pintores de Barbizon, “quienes habían abandonado París alrededor de 1830 dándole la espalda a las academias, e instalándose en un pueblo que se encontraba a unos 60 kilómetros sureste de París, para pintar allí al aire libre”.

En 1895 todo cambió para ellos. Fue durante una exposición internacional en el Palacio de Cristal de Munich: “Tuvieron un éxito grandioso e inesperado, que el arte moderno alemán no había experimentado previamente”.

Sin embargo, pronto llegaron las tensiones internas. “En 1899 Modersohn abandonó la asociación”. Y a partir de ahí, cada cual siguió su camino. “Fue en esta época que Paula Becker llegó a Worpswede”. La pequeña aldea mantuvo su reputación y “en los años siguientes a 1900, se transformó en un punto de encuentro para personalidades del arte, la literatura y el teatro”.