Dulce Xerach: “La protagonista de mi novela es mejor que yo”

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Mientras camino hacia el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, en plena calle Castillo, voy reuniendo mentalmente todos los datos que tengo de la mujer a la que voy a entrevistar. No es un personaje fácil. En torno a ella hay un aura de hechos, informaciones y sensaciones. Todavía joven, lo era aún mucho más cuando se dedicaba a la política. Objetivamente guapa en la actualidad, en su temprana juventud podía llegar a desestabilizar a los desprevenidos. Incansable, testaruda, trabajadora, valiente y tal vez algo ingenua, cosechó los más floridos enconos en el resbaladizo mundo de la cultura local, al que le costó creer que una joven y bella mujer del partido oficialista (algo que suele levantar sospechas) podía estar a la altura de las circunstancias. Pese a las acusaciones, en los últimos veinte años de cultura canaria no se habían materializado tantos y tan variados proyectos como en la época en la que estuvo ella al frente. El TEA, el Auditorio, el Tanque, las escuelas de música, son solo algunas de las cosas que ayudó a impulsar o fueron fruto directo de su empeño. Alejada de la política desde hace años, ha retomado su presencia cultural pública haciéndose cargo de la presidencia del Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, cargo honorario que requiere de imaginación, trabajo y paciencia. Sin embargo, hace pocas semanas, hizo un viraje en su recorrido. Uno que se adivina como definitivo. Su primer libro, Robo en São Paulo, novela negra/detectivesca con protagonista mujer, ha salido a la calle. La editorial colombiana Oveja Negra, una de las más importantes de Latinoamérica, decidió confiar en el talento literario de esta mujer. Y Dulce Xerach, a pesar de la advertencia que le hago de que será imposible alejarnos demasiado de la política, solo quiere hablar de ello”.

-Llama la atención, a medida que se avanza en la novela, la enorme desilusión que va sintiendo la protagonista, la policía María Anchieta, hacia la política, una protagonista que no podemos dejar de pensar que tiene muchos elementos en común contigo.

“Sí, definitivamente eso tiene que ver con mis vivencias personales. Pero como verás, no es hacia todos los políticos, es solo hacia algunos…”.

-Sí, me queda claro que, al menos uno, sale muy bien parado en esta historia (el ex presidente de Canarias, Adán Martín y uno de los pocos personajes reales de toda la historia).

“Lo que más le llama la atención a María Anchieta es darse cuenta de que personas que durante mucho tiempo parecían una cosa, luego se desvelan como otras por completo distintas. Y lo increíble es que durante años nadie los haya descubierto. Eso es lo que pasa en la novela y es verdad, es reflejo de mi experiencia personal”.

-Entonces ¿fue esa desilusión la que te alejó de la política?

“Sí, en parte. Pero también sabía de antemano que no iba a ser para toda la vida. No porque no me gustara (me encanta la política) sino porque quería hacer otras cosas, por ejemplo escribir. Cuando estás en política no puedes escribir ficción, no solo por falta de tiempo sino porque la gente tiende a pensar que todo lo que escribes tiene una correlación con la realidad. Ya hace años que no estoy en política y sin embargo mucha gente cree que la trama de la novela está basada en hechos reales aunque el 90% es inventado. Imagínate si estuviera en activo…”.

-Eres la primera mujer canaria que escribe novela detectivesca con protagonista mujer…

“Sí, con protagonista mujer sí. Yanet Acosta, nacida en Tenerife, ha escrito El chef ha muerto, pero el papel principal es para un hombre”.

-También eres una de las mujeres que ha participado en política en Canarias que más comentarios críticos y malignos ha levantado. Sin embargo, en tu época se llevaron a cabo y se culminaron las actividades, proyectos y edificios más significativos de los últimos años.

“Cuando eres joven y mujer, ya tienes el 50 por ciento de probabilidades de generar críticas anticipadas. Si además eres decidida y no tienes miedo a dar tu opinión, entonces ya es el colmo. Desde aquella época, cuando tenía 25 años, hay gente que me odia incondicionalmente. Pero también hice muy buenos amigos que me conocieron entonces y todavía conservo. Son ellos los que me importan. De los otros ni me acuerdo2.

-¿Con el tiempo la opinión de la gente ha cambiado con respecto a ti?

“Sí, creo que va cambiando poco a poco. Porque al final, cuando ves una obra como el TEA, el Tanque o el Auditorio y te das cuenta que van a estar allí dentro de 100 años, algunas personas terminan admitiendo: “¡Ah!, pues no era tan mala, alguna cosa hizo bien”.

-¿Te han pedido perdón, se han disculpado?

“Hay gente que sí, que lo ha hecho. Sobre todo ahora que estoy en el Círculo, me dicen que mi época de política fue muy dinámica y que ojalá pudiera hacer lo mismo aquí”.

-¿Qué le dirías a una mujer joven que quisiera meterse en política ahora?

“Por desgracia, le diría que ni se le ocurriera. Que no vale la pena”.

-¿De verdad lo crees?

“Sí. Esta mañana escuché las propuestas de Ciudadanos para Tenerife. Son muy estrechas de miras, con una visión muy corta de las posibilidades. No es una cuestión de ideologías o partidos, hace falta ser muy valiente y muy decidido para entrar en política porque te enfrentas a un montón de gente que no quiere que las cosas cambien. Me hizo muchísima ilusión el primer momento de Podemos, pero me han ido defraudando”.

-En las listas de los partidos emergentes tampoco aparecen muchas mujeres que digamos…

“Esa es otra. ¡Resulta que el partido que más candidatas tiene es el PP! Algo está fallando…”.

-¿Qué es lo que falla?

“Que los más capacitados para hacer que las cosas cambien no se meten en política. ¿Por qué? Porque no están dispuestos a destrozar su vida. Y los entiendo. Saben que al día siguiente ya no tendrán reputación. Eso les está pasando a los nuevos, o les pasará tarde o temprano. Ahora mismo es un muy mal momento para la democracia”.

-Tu abuelo era comunista. ¿Crees que heredaste algo de él?

“Seguro. Mis dos primeros recuerdos políticos están relacionados con él. El primero fue cuando murió Franco y todo el pueblo acudió a la misa por su fallecimiento. Mi abuelo dijo que él no iba y puso como excusa que se quedaba a cuidar a sus nietos. En cuanto se quedó solo con mis primos y yo, abrió una botella de champán. Y el segundo fue el día del golpe de estado. Mirando en la tele las noticias, mi abuelo me dijo: “No te preocupes que la democracia no tiene vuelta atrás, lo que yo pasé tú no lo volverás a pasar” y ese mismo día escribí en mi diario que me quería dedicar a la política”.

-En determinado momento del libro, María dice que en el País Vasco es fácil saber de qué lado está cada uno. Sin embargo, en Canarias, todo se desenvuelve como en una confusa nebulosa… ¿Piensas que eso es así?

“Sí. Aquí a la gente le cuesta mucho definirse. Y creo que no es un problema de partidos, sino de idiosincrasia. Nadie dice claramente con quién va a pactar. No expresan sus ideas con firmeza. Todo el mundo se cubre las espaldas…”.

-¿Quitaste cosas de la novela que podrían haber parecido muy comprometidas por su correlato con la realidad?

“Sí, quité muchas más cosas de las que puse. Pero no solo por comprometidas, sino porque la historia quedaba mucho mejor. Soy escritora, actúo como tal y no como política. Lo divertido de escribir es inventar. Los escritores ponen en sus obras mucho de realidad, pero también la cambian. Ese poder es una de las cosas más seductoras de la escritura”.

-¿Desde cuando escribes?

“Desde que era pequeña. Hice un intento no muy serio de novela a los 18 años, que le di a leer a Paco Pomares, a Carmelo Rivero, y sabiamente me dijeron que tenía que revisarla… (risas). Tengo tres libros de ensayo sobre temas de arte, pero esta es la primera vez que me meto en serio con la ficción y me estoy enfrentando por primera vez a los lectores…”.

-¿Y cómo es ese encuentro?

“Me dicen que engancha, que les gusta mucho María Anchieta y también su jefa, Marina. Tanto los lectores como mi editor me hablan del gran futuro que tiene el personaje. De hecho, mi editor me llamó para decirme que yo era una principiante (risas) pero que ella valía la pena… Gracias a María Anchieta el libro está publicado”.

-¿Cómo contactaste con esta editorial, de las más importantes de Colombia, editores de García Márquez, Benedetti o Sábato?

“Bueno, yo tenía claro que no quería publicar aquí ya que, fuera la editorial que fuera, otra vez tendría que enfrentarme a los comentarios de la gente diciendo que he logrado publicar no por la calidad de mi novela sino por enchufe. Oveja Negra fue una de las primeras que la recibió. Su responsable vino aquí a decirme personalmente que quería que reforzara el personaje, así que ya voy por el tercer libro y el segundo aún está cociéndose”.

-¿María Anchieta es Dulce Xerach?

“No. Seguramente tiene muchas cosas mías, eso sí. Pero ella es mucho mejor, más seria, menos apasionada, más analítica”.

-¿Esta historia se te ocurrió en aquel viaje oficial de 2004?

“Sí. En ese viaje como miembro de la comitiva canaria, descubrí quién era realmente el padre Anchieta. Una figura mucho más cultural que religiosa, llena de matices, de una fuerza
brutal. Para São Paulo significa mucho. Las culturas indígenas en Brasil están mucho menos oprimidas que en otras partes de Latinoamérica gracias a su labor. Allí es una especie de personaje parecido a Leonardo da Vinci, escritor, médico, naturalista. En aquel momento surgió la idea y luego, como soy lectora ávida de novela negra, se me ocurrió la fusión”.

-¿Qué autores lees? ¿Raymond Chandler, Dashiell Hammett?

(Se le iluminan los ojos) “Por supuesto. En realidad leo todo lo que se me ponga por delante, pero no solo novela negra. La gran inspiración viene de los grandes clásicos. Aunque mi favorito es alguien no tan conocido, Lawrence Durrell y su tetralogía, El cuarteto de Alejandría”.

Dulce saca un libro de su bolso, es el último de la serie de Durrell, Clea. Lee el primer párrafo en voz alta. Me llama la atención la profusión de subrayados rojos por toda la página. Le pregunto si lo hace siempre y me dice que todos sus libros pasan por ese proceso de análisis, que las frases que le interesan nunca escapan a su boli, como una forma de fijarlas en su memoria. Sonríe y uno piensa que esa mujer vestida con ropa de diseño, de voz suave y con un cierto aire adolescente, tiene dentro muchas más cosas de las que podrían aflorar en esta conversación. Se comprenden de pronto las suspicacias de los viejos dinosaurios que compartieron tarea con ella en sus épocas de política, o el extrañamiento y hasta el susto de los artistas acostumbrados a una gestión cultural patriarcal.

-¿Por qué crees que cuando viene una crisis a lo primero que se intenta escatimarle recursos es a la cultura? ¿Por qué esa manía de considerarla prescindible, poco importante?

(Lanza una mirada resignada y suspira). “Aunque cueste creerlo, muchas veces se trata de problemas de mentalidad, no tanto de recursos. Y sinceramente, no sé si mucha gente está dispuesta a trabajar. E insisto, la valentía en política es fundamental. Tienes que ir hasta lo último en cosas en las cuales a lo mejor te juegas la vida política. Como por ejemplo el Tanque. A mí me llegaron a quitar las competencias en patrimonio histórico por haberme negado rotundamente a demoler el Tanque”.

-Pareciera que el concepto “cultura” tiene mala fama entre ciertas esferas…

“La consideran un poco peligrosa, precisamente porque da alas, libertad. Es una pena la falta de visión. Por ejemplo, el TEA, una obra maravillosa, está muy por debajo de sus posibilidades y no se está explotando como debería. Ahora mismo, las personas que dejan dinero en los museos de todo el mundo son más que los que asisten a acontecimientos deportivos. Las grandes obras para atraer a turistas son de contenido cultural. Lamentablemente la mayoría de nuestros políticos no lo saben”.

-En tu época también se constató que la participación de la mujer en el mundo del arte era muy minoritaria cuando no nula por completo.

“Sí, esa era una sospecha que yo tenía. Pero cuando lo comprobamos me quedé de una pieza. Más o menos del 90 al 2000, en el CAAM no había habido ni una sola exposición individual de mujeres, ni una. Para que te hagas una idea, el más igualitario fue el Tanque, con un 25% de participación femenina…”.

-Hace poco, en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, que tú presides, se organizó la Semana de las Ovejas Negras… ¿en qué consistió?

“Pues precisamente en hacer visibles a mujeres escritoras, porque en el mundo de las letras pasa exactamente lo mismo: en casi 40 años de Premio Canarias de Literatura solo han sido ganadoras dos mujeres, del Cervantes cinco, del Nobel, nueve y de ahí para abajo no hace más que empeorar. En las referencias de libros que se escriben en los periódicos, están mucho menos presentes las mujeres que los hombres. Todavía queda un larguísimo camino…”.

-¿Cómo ves el futuro de la literatura en Canarias?

“Me gusta. Lo veo bien. En el ámbito de la novela negra está sucediendo algo grandioso, hay mucha efervescencia. Estamos haciendo piña con Mariano Gambín, Alexis Ravelo, José Luis Correa, solo por nombrarte a algunos”.

-¿Te ves en el futuro como escritora o todavía crees que puedes desarrollar más tu carrera como gestora cultural?

“No, me veo como escritora. Es lo que más me gusta en el mundo. Me encantaría tener todo el día para escribir”.