El enemigo interior – Por Manuel E. Díaz

A la hora de enfrentarse a esta segunda entrega de Los Vengadores, el director y guionista Joss Whedon ha tenido que enfrentarse a unas expectativas titánicas. La primera película se convirtió no sólo en uno de los títulos más taquilleros del cine reciente, también un ejemplo a seguir en cuanto a adaptación del universo superheroico de la Marvel. Con una trama plana y sencilla, cuyas principales ambiciones radicaban en lograr equilibrar el componente coral de sus reparto y contentar a los fans de los cómics, aquella película se convirtió en entretenimiento en estado puro. Sin embargo, pese a que muchos reclamaran más de lo mismo, estaba claro que la segunda parte debía ir por otros derroteros y profundizar más en el mundo interior de los personajes.

Vengadores. La Era de Ultrón es una cinta más compleja que su predecesora, con personajes enriquecidos psicológicamente para dotar a la cinta de nuevo niveles de lectura. Se trata de una película más oscura y dramática que la primera entrega, por lo que, si bien mantiene el humor típico de Whedon y su habilidad para enlazar situaciones cotidianas dentro de un contexto de absoluta fantasía, el realizador se esfuerza en construir sobre bases narrativas más sólidas. Desde su arranque, la cinta encadena una secuencia de acción tras otra, ofreciendo más acción que ninguna otra película Marvel anterior y sin embargo, se las apaña para que el desarrollo de los personajes adquiera un papel decisivo en la trama. Whedon se muestra más ambicioso con el espectro de la película y su puesta en escena busca siempre rizar el rizo con respecto a los méritos de su anterior trabajo. Sin embargo, que nadie espere ese crescendo de pura diversión que nos regaló en 2012, Vengadores. La Era de Ultrón es una película más agridulce, con más aristas y, como tal, menos grata para quien vaya buscando un redux de la anterior.