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El surrealismo vuelve a la capital

Una de las esculturas incluidas en la exposición surrealista inaugurada ayer en el Círculo. / FRAN PALLERO

Una de las esculturas incluidas en la exposición surrealista inaugurada ayer en el Círculo. / FRAN PALLERO

J. F. J. | Santa Cruz de Tenerife

Artistas de la dimensión de Salvador Dalí, Joan Miró, Pablo Picasso, Max Ernst u Óscar Domínguez protagonizaron una exposición conjunta en Tenerife, en mayo de 1935, que no consiguió vender ni una sola de sus obras. Nadie intuyó en aquel momento la relevancia que acabarían alcanzando los autores de la muestra. Fue la primera aparición del movimiento surrealista en España y hoy la cita es recordada como uno de los acontecimientos de mayor prestigio cultural ocurridos en la Isla.

Para conmemorar el 80 aniversario de su celebración, el Círculo de Bellas Artes de Tenerife ha llevado a cabo una convocatoria abierta y de ámbito internacional, cuyo resultado es la muestra de 76 obras que desde ayer y hasta el próximo 11 de junio ocupa las dos plantas de su sede en la santacrucera calle Castillo. La exposición, titulada 80 años de surrealismo en Tenerife, reúne piezas en diferentes formatos (esculturas, pinturas, fotografías..), todas inspiradas en el movimiento artístico y literario surgido en los años 20 en Francia en torno al poeta André Breton, y firmadas por autores contemporáneos, la mayoría de ellos canarios.

La muestra la encabeza el tapiz El rapto de Europa, de Óscar Domínguez, un óleo sobre lienzo que en su momento adquirió la Galería Verannemann de Bruselas directamente al artista tinerfeño y que en la actualidad tutela la Fundación CajaCanarias. En torno a ella hay obras que han viajado desde Brasil, Argentina, México, Italia, Portugal, Grecia, Israel, Reino Unido y Holanda, compartiendo espacio con otras realizadas por artistas nacionales y canarios de primera línea, como Pepe Abad, Alexis W., Andrés Delgado, Fernando Álamo o Fernando Menis.

“Este es un homenaje a los visionarios que tuvieron la osadía de traer a la Isla aquellas obras que nadie entendió entonces y que, sin embargo, acabaron ocupando un lugar destacado en los mejores museos del mundo”, señaló ayer Dulce Xerach, presidenta del Círculo de Bellas Artes, una institución que, desde aquella experiencia embrionaria de 1935, es un “referente nacional del surrealismo”. Por eso, dijo, “si hay un sitio surrealista en estas islas, ese es el Círculo”. La comisaria de la exposición y gran conocedora de este género artístico, Lola Camprubí, expresó su deseo de que la muestra conmemorativa dé tanto que hablar como la primera y que, al contrario que entonces, “se consigan vender las obras”. Camprubí se refirió también al proceso de selección de los trabajos incluidos en la colectiva, un proceso “complejo” ya que fueron muchas las creaciones recibidas y la interpretación del surrealismo no es precisamente objetiva. “El surrealismo siempre me ha interesado mucho y no solo como expresión artística, sino también por representar una filosofía de vida sinónimo de libertad total”, describió la comisaria de la muestra, que citó entre “nuestros grandes” artistas en este campo al poeta Pedro García Cabrera y al pintor y escritor Eduardo Westerdahl, “a los que conocí y de los que aprendí muchísimo”, dijo.