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Antonio Tabares: “Ganar el Max sería un premio para todo el teatro canario”

Foto ISRAEL DE CARLOS

Foto ISRAEL DE CARLOS

J. F. JURADO | Santa Cruz de Tenerife

Siempre fue un gran aficionado a leer obras de teatro. Luego se animó a escribir sus propios textos para compañías locales. Y ha terminado por convertirse en uno de los dramaturgos más prometedores del país. Antonio Tabares (Santa Cruz de La Palma, 1973) asiste hoy en Barcelona a la ceremonia de entrega de los Premios Max de la SGAE. Lo va a tener difícil para pasar desapercibido: es candidato al galardón de autor teatral del año por la obra La punta del iceberg. “Expectativas no tengo ninguna y, a la vez, las tengo todas”, afirma. La gala se podrá seguir en directo a través de La 2 de TVE (19.00 hora canaria).

-De confirmarse el premio, ¿ya tiene claro lo que va a decir?

“Es inevitable tener algo pensado. Se lo brindaría a toda la gente del teatro en Canarias. Ganar el Max sería un reconocimiento para todo el sector del Archipiélago. Uno escribe la obra pero son muchas las personas que se han implicado para que salga adelante”.

-¿Cómo surgió la idea?

“Es una obra que trata sobre la presión laboral y el estrés en el trabajo. Surge de una noticia que leí en un periódico: una serie de suicidios ocurridos en una empresa de París. El tema me llamó la atención y empecé a investigar. Tenía la idea original pero no sabía cómo desarrollarla. Fue en el transcurso de un taller que hice con Ignacio Amestoy en Gran Canaria cuando empecé a apuntar lo que luego serían las primeras escenas. Es una obra que trata sobre un tema muy actual, de hecho, creo que esta es una de las claves para que haya tenido tanto recorrido”.

-Ganar el premio Tirso de Molina en 2011 fue el empujón definitivo.

“Ese reconocimiento fue lo que disparó todo lo que vino después. Que la obra se publicara y que llegara a las manos de Sergi Belbel, para acabar estrenándose en el Teatro de La Abadía. También se ha traducido a varios idiomas y tiene previsto estrenarse muy pronto en otros países, como Venezuela y Rumanía”.

-Se ha puesto el listón bastante alto para futuros proyectos…

“Ese es el hándicap que tienen los premios. Afortunadamente, todo lo que está pasando ya me pilla un poco mayor y he podido seguir escribiendo sin demasiadas distracciones y con los pies en el suelo. Si esta situación me hubiera pasado con la primera o segunda obra, igual se me hubiera ido la cabeza”.

-¿Cómo empezó su relación con el teatro?

“Siempre he sido buen lector y me gustaba el teatro como arte escénico. En la universidad empecé a escribir escenas para nuestro propio grupo teatral. Nunca pensé dedicarme a ello, fue una confluencia natural. De hecho, tardé en darme cuenta de que podía ser un autor de teatro. Hoy en día, en cambio, ya no me imagino haciendo otra cosa”.

-La dramaturgia en Canarias parece atravesar por un gran momento. ¿Existe alguna seña de identidad que la haga diferente?

“Está en un momento muy prometedor, desde luego. En mi caso me gusta tratar temas que tienen por objeto la insularidad de la misma manera que hago historias más urbanas, que sitúo en Madrid, donde viví muchos años. Y de lo que he leído de otros compañeros de generación también adivino esas dos vertientes: el mundo visto desde los ojos de un isleño y temas que trascienden a esta condición. Son gente que no se circunscribe a lo que ocurre en las Islas y sus obras pueden interesar a cualquier tipo de espectador”.

-La punta del iceberg nunca vino a las Islas con La Abadía y Delirium Teatro ya no la tiene en cartel. ¿Habrá posibilidad de volverla a ver?

“La Abadía no la trajo porque Delirium aún la estaba representando. Me hubiera encantado que la gente pudiera haber visto las dos versiones, pero no fue compatible. Luego está esa gran contradicción de los premios Max, cuya mayoría de obras nominadas están ya fuera de cartelera. Es una pena. Espero que en un futuro otras compañías se animen a ponerla en pie”.

-En septiembre se estrena la versión cinematográfica de la obra, dirigida por David Cánovas. ¿Por qué rechazó implicarse en ella?

“David me lo ofreció desde el primer momento, pero no quise por varios motivos. El primero es que, aunque parezcan géneros primos hermanos, en el cine manejas unos códigos y un lenguaje distinto y creo que me hubiera movido con bastante torpeza. Además, ya estoy con otros proyectos y no me apetecía volver sobre los mismos personajes y las mismas escenas. Cánovas hará su película y, cuando vaya al cine a verla, será como un espectador más”.

-¿Se imagina escribiendo algún día narrativa o cine?

“Una vez que descubres cual es tu género, resulta muy complicado practicar el intrusismo”.

-También está involucrado en la dirección de la Biblioteca Pública de Santa Cruz de La Palma…

“Es un proyecto muy personal, que llevamos entre tres aficionados al teatro y hemos puesto en marcha la Biblioteca Antonio Abdo. Un espacio alternativo y de resistencia, donde tratamos de visualizar el hecho de la literatura teatral. Siempre he sido un gran defensor del teatro a través de la lectura”.

-Profesionalmente se dedica al periodismo. ¿Le gustaría dedicarse al teatro a tiempo completo?

“Sería un iluso si así me lo planteara. La suerte que tengo es que mi trabajo, en el gabinete de prensa de Santa Cruz de La Palma, me permite tener mi propio espacio y no depender exclusivamente del teatro; disponer de margen de libertad a la hora de plantearte la escritura”.

-¿En qué anda ahora?

“Estoy con un proyecto muy bonito, dentro del programa Canarias escribe teatro, junto con otros dos autores de las Islas, José Padilla e Inma Correa. Estamos preparando un texto a seis manos. Tres historias en un mismo montaje que se estrenarán en octubre o noviembre por la compañía 2RC, que es quien nos hizo el encargo. También estoy preparando un libreto para una ópera de cámara, que me encargó un compositor tinerfeño afincado en Budapest, Alberto Roque Santana”.

-¿Y la obra Libros cruzados, que presentó hace poco en Grecia?

“Es una obra más difícil de llevar a escena, con muchos personajes y ambiciosa en cuanto a la producción. Espero, no obstante, que algún día pueda ver la luz sobre un escenario. La lectura dramatizada en Atenas fue una experiencia enriquecedora”.