Las mujeres son protagonistas en la fiesta del teatro de los Premios Max

DIARIO DE AVISOS | Santa Cruz de Tenerife

Laila Ripoll y Mariano Llorente se llevaron ayer el Max a la mejor autoría teatral del año, uno de los premios más esperados de la noche, por su trabajo conjunto en El triángulo azul, obra que narra el horror vivido por los españoles apresados en los campos de concentración nazis. El palmero Antonio Tabares, finalista en la misma categoría por La punta del iceberg, se quedó finalmente sin el preciado trofeo de la manzana con antifaz. Queda el consuelo feliz para él de ser el primer escritor canario de teatro en alcanzar esta posición de reconocimiento.

Y la sensación generalizada de que su éxito tiene poco que ver con la causalidad y mucho con el talento; y que si la dramaturgia en castellano mira con optimismo al futuro es por firmas como la de Antonio Tabares. Por lo pronto, ya tiene una nueva obra terminada, Libros cruzados, que se estrenó hace poco en Atenas; está trabajando en otro ambicioso proyecto escrito a seis manos junto a los también canarios José Padilla e Inma Correa, que será estrenado el próximo otoño por la compañía 2RC de Gran Canaria; y ultima su primera incursión en la ópera de cámara, junto al compositor Alberto Roque Santana, tinerfeño afincado en Budapest. La gala de los XVIII Premios Max, celebrada en la Sala Barts de Barcelona, tuvo, por lo demás, a las mujeres como grandes protagonistas, ya que todos los galardones fueron entregados exclusivamente por intérpretes femeninas del teatro y la danza. Además, Aurora Redondo, Milagros Leal, Rafaela Aparicio, María Luisa Ponte, las hermanas Muñoz Sampedro, Mary Carmen Prendes, Mari Santpere, Anna Lizarán, Mercè Bruquetas, Pilar López, Mariemma y María de Ávila fueron algunas de las mujeres homenajeadas en el transcurso de la ceremonia. Otra de las féminas que brilló con luz propia fue la directora e intérprete Rosa María Sardà, que recibió el Max de Honor 2015 de manos de un jurado que la escogió por unanimidad por ser una figura clave en la historia de las artes escénicas.

La de ayer fue la tercera vez que la capital catalana acogió la gala, después de celebrarse en Bilbao, Córdoba, Guadalajara, Las Palmas de Gran Canaria, Madrid, Sevilla, Valencia, Vigo y Zaragoza en sus ediciones anteriores.

La punta del iceberg también aspiraba al premio de mejor actor de reparto, en la persona de Pau Durá, pero este galardón, finalmente fue para Pepón Nieto, por su participación en la producción El eunuco. Para Durá, la pieza escrita por Antonio Tabares representó su regreso a los escenarios tras un periodo de una década alejado de ellos.
Producida inicialmente por Delirium Teatro, fue, tras lograr el premio Tirso de Molina, la compañía madrileña La Abadía la que la hizo girar por la Península y acaparó los mayores elogios de crítica y público. En la actualidad se encuentra fuera de circuito. En ella se narra la historia de una empresa que, como consecuencia de la presión a la que son sometidos sus empleados, los suicidios se suceden.