opinión >

‘Vázquez Díaz, la permanencia de la modernidad’ – Por Joaquín Castro

Hasta el 25 de julio se puede visitar en la Fundación Cristino de Vera de La Laguna la extraordinaria exposición titulada Vázquez Díaz, la permanencia de la modernidad.
Vázquez Díaz (1882-1969) nace en Huelva, en Nerva, muy cerquita de las minas de Riotinto. En el tríptico publicado para esta exposición, el autor Víctor Nieto Alcaide manifiesta que “este pintor es una figura clave en el panorama artístico español de la primera mitad del siglo XX. Maestro de gran parte de los pintores que protagonizaron la renovación de la pintura durante las décadas de los años veinte y treinta y referencia para aquellos que, en el tramo central del siglo, defendieron una alianza entre modernidad y tradición”.
En la visita a la exposición, en la primera sala vemos cuatro retratos totalmente academicistas. En primer lugar su autorretrato, pintado en 1912, contaba con treinta años, luego el que le hizo a Juan Gris y a Amadeo Modigliani, esto dos pertenecientes actualmente a la Galería Rafael Pérez Hernando de Madrid, y La dama de gris, realizado en 1923. Al entrar en la sala grande, los ojos se van inmediatamente al cuadro titulado El refectorio, el comedor de los monjes de una abadía en el momento en que se reparten los alimentos. Me recuerda la serie de monjes de Zurbarán que tuve la dicha de ver en el Museo de Bellas Artes de Cádiz. Cuadro que hay que observar, los monjes en actitud de rezar, los platos y el pan aún están vacíos. El rezo para el monje de clausura es muy importante y entre los detalles de este cuadro hay que destacar la figura del creador de ojos profundos. Fue pintado en 1931 y mide 229×205 centímetros.

El Monasterio de La Rábida en Huelva posee unos de sus grandes murales, que el pintor dedicó al descubrimiento de América. Me impactaron cuando tuve la oportunidad de estar en aquella provincia y conocerlos.

De gran atractivo son los óleos titulados Aves nocturnas y Café en París, donde sus personajes son las mujeres que visitan los cabarets nocturnos, de grandes trajes y sombreros ampulosos. Al sentirse enamorado del País Vasco realizó allí numerosas obras, paisajes de colores simples pero vibrantes, como dicen sus estudiosos. Corresponden a estos momentos los titulados Calma en el Bidasoa, Caseríos vascos o Hendaya.

Entre sus paisajes, importantísimo el dedicado al Monasterio de Rábida. El de La casa de Pierre Loti, el gran pintor, El paisaje del muro Blanco.
Su obra está repartida por España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Se conservan más de 2.400 dibujos y más de tres mil pinturas.

Sus cuadros figuran en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo Daniel Vázquez Díaz de su localidad natal; Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; Museo de Bellas Artes de Bilbao; y Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, entre otros.

Palabras textuales suyas: “Yo soy un hombre que ve, descubre y pinta todo aquello que asalta mi alma. Lo demás no me interesa, no me llama la atención, queda fuera de mi curiosidad y, por ello, fuera de mis preocupaciones”.