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Una dirección sumamente elegante

Por Estrella Ortega

El Auditorio de Tenerife acogió el pasado 15 de mayo el décimo tercer concierto de abono de la Orquesta Sinfónica de Tenerife de la presente temporada. El programa contenía obras de Maurice Ravel, Pavana pour une infante dèfunte; el Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, y la Sinfonía nº 2 en Re mayor, Op. 43, de Jean Sibelius.
Como invitados, el director ganador del XI Concurso Internacional de Dirección de Orquesta de Cadaqués, Lorenzo Viotti, y el guitarrista montenegrino Milos Karadaglic.

Se inició con la Pavana de Ravel, una partitura dedicada a la princesa de Polignac, gran mecenas de la música. Una pieza delicada en la que se trabaja la capacidad de la orquesta para difuminar, envolver y hacer emerger de nuevo las ideas musicales. Es una obra muy agradecida por su belleza melódica, pero hay que tener en cuenta que la lentitud no implica pesadez y la lectura que escuchamos adoleció en algunos pasajes de cierta pesantez.

El Concierto de Aranjuez en el instrumento Greg Smallman, constructor de guitarras no tradicionales en Australia, en las manos de Milos Karadaglic, sonó con todos los ingredientes de una guitarra española, aunque técnicamente fue perfecto, tanto la digitación como el fraseo y demás adornos, le faltó profundidad y sentido del embrujo español, entiendo que eso es un plus bastante difícil de conseguir pero necesario para redondear la interpretación de la composición.

Para finalizar después de la pausa intermedia, la Sinfonía de Sibelius. Si en las anteriores obras las lecturas nos parecieron bastante académicas, ésta fue mucho más intensa, fresca y libre, tanto en dinámicas como en lineas y vuelo melódico. Con una gestualidad elegante y atenta al más mínimo detalle, se notó que sin ninguna duda disfrutó dirigiendo a la OST, una formación con una ductilidad envidiable que posibilita el lucimiento, además de una belleza tímbrica que no deja indiferente.