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El cruel asesinato de la pensión Padrón se convierte en novela

El caso de la Pensión Padrón1

Francisco Concepción, uno de los dos autores de la novela presentada esta semana. / SERGIO MÉNDEZ

J. F. J. | Santa Cruz de Tenerife

Nadie había reparado en su ausencia hasta que una mañana de verano de 2010 uno de los hijos de la propietaria de la pensión que frecuentaba accedió a la habitación de la tercera planta del inmueble que llevaba años sin uso. Un extraño olor envolvía el cuarto. El joven se acercó a la cama y detectó la presencia de gusanos. Retiró una pesada maleta y la ropa que había sobre ella y, entre dos colchones, allí estaba Ángel Bermejo, convertido en un cadáver esqueletizado. La investigación posterior confirmó que la muerte de este aragonés de 55 años con pasado militar se debió a un shock traumático. Macabras torturas habían sido el detonante.

Se destapaba así una historia truculenta, ambientada en un lúgubre hostal de la avenida Islas Canarias de Santa Cruz y protagonizada por dos de sus novelescos personajes. El caso tuvo un impacto mediático importante. Ana Joyanes y Francisco Concepción, aficionados a la escritura, enseguida se sintieron atraídos por el relato y, al mismo tiempo que se juzgaba al único acusado del asesinato, empezaron a trabajar en su reconstrucción literaria. El resultado es El caso de la Pensión Padrón (editorial La Esfera Cultural), la novela negra de casi 300 páginas que han presentado esta semana.

El caso de la Pensión Padrón1

Portada de la publicación. / DA

“No es una crónica periodística, sino una versión novelada de lo sucedido”, precisa Concepción. “Todo lo que se describe es ficción, pero basado en hechos reales”. Recurrieron, para ello, a los recortes de prensa de aquellos días, recabaron testimonios entre inquilinos de la pensión y estuvieron presentes en el desarrollo de todo el juicio al único acusado, hoy en prisión con una condena de 17 años. Los capítulos pares están escritos por Francisco Concepción y los impares, por Ana Joyanes. “Nos interesaba, más que hacer gran literatura, contar la historia como si la estuviésemos grabando con una videocamara. Empleamos un lenguaje muy explícito y hay capítulos muy duros, al punto de que nos planteamos indicar en portada que es un libro para mayores de edad”.

El fallecido era exmilitar con un sueldo de pensionista. Ni indigente ni drogadicto. “Todo el mundo hablaba bien de él. Pero pasó por un lugar equivocado en el momento equivocado y la vida le atropelló”. Según los forenses que analizaron el cadáver, sus últimos meses de vida fueron un infierno. “En el juicio empezaron a enumerar las lesiones que tenía y no había una sola parte del cuerpo que no tuviese una fractura, un hematoma o un pinchazo. Desde la cabeza hasta los pies. Sin duda, lo más cruel que he visto. Fue espeluznante oír a los peritos”, narra el autor.

La tesis policial es que el único acusado del caso -con la colaboración de otras personas nunca identificadas- mantuvo a la víctima atada a una cama durante algún tiempo, infligiéndole torturas reiteradas, para quedarse con su subsidio mensual. Cuando se halló el cuerpo, llevaba más de un año muerto. Dos placas de metal quirúrgico en sus extremidades hicieron posible la identificación. Concepción habla del verdugo como un monstruo en potencia: “Varias mujeres contaron que también las había secuestrado y apaleado. Un tipo espectacularmente violento”.