entre líneas >

“Sonrían, que la vida es un trámite”

ENTRE LINEAS

POR VERÓNICA FRANCO

Uno es de los actores más conocidos de la televisión española de los últimos años. Otro, de los cómicos más frescos y desternillantes de Canarias. Los dos comparten algo fundamental: el humor y la interpretación como pilar y sustento de sus vidas. Jordi Sánchez es el Antonio Recio de La que se avecina (Telecinco), una de las series más longevas y de más éxito de la televisión nacional. Tanto, que casi a todas horas se puede disfrutar de ella en retransmisiones de Factoría de Ficción o Comedy Central. Antes de eso, también había protagonizado la serie de televisión catalana Plats bruts, de TV3. Y además, es escritor y guionista, tanto de cine y televisión como de teatro. Aarón Gómez es monologuista y ha hecho llorar de risa a miles de canarios. Su rapidez verbal y mental son una marca de fábrica y, siempre que tiene la oportunidad, desmenuza la idiosincrasia canaria -y humana- en una interminable cadena de ocurrencias que el público interrumpe a cada rato con carcajadas. Ambos se han unido para poner en escena la obra El trámite, escrita por Aarón Gómez y cuyo elenco lo completan Kike Pérez y Mingo Ruano. Llego temprano a la entrevista en el teatro y me toca presenciar la prueba de sonido de los actores, una suerte de ensayo general. A solas en el patio de butacas, y aterida por el aire acondicionado funcionando a toda potencia, se van representando ante mí todos los actos de la obra. Solo están los técnicos de sonido y luces, cada uno a lo suyo. Me siento privilegiada; estoy viendo algo que poca gente ve. Algo así como tener la oportunidad de echar un vistazo en la cocina de tu restaurante favorito. Y lo mejor es que río sin parar, hasta el punto de que no puedo evitar mirar hacia atrás por si hubiera algún testigo de mi desfachatada algarabía. Al terminar el ensayo, queda algo flotando en el aire, un cierto silencio, una especie de sutil melancolía. Y descubro que el humor ácido, reflexivo e inteligente provoca justamente eso de lo que hablaba el escritor Augusto Monterroso al referirse al humorismo: “Aquello en lo que se hermanan la gracia con la ironía y lo alegre con lo triste”.

-Aarón, tú eres el escritor de la obra…

Aarón: “Sí, empecé a trabajar en la idea de Jordi como inspector de algo, por la pinta que tiene (risas), y entonces surgió con Kike Pérez y Mingo Ruano la idea de desarrollar una historia que tuviera que ver con la burocracia. Tengo una debilidad con ese tema. Me pone de muy mala leche porque la burocracia es algo que no puedes evitar, a lo que estás obligado. Cada vez que voy a una oficina de Hacienda me siento como un ratón en un laberinto. Cuando la estaba escribiendo me acordé también de la película Las 12 pruebas de Astérix y Obélix, donde una de ellas era atravesar un edificio burocrático…”.

-¿Cómo te sientes tú, Jordi, en una obra que también habla muy explícitamente del carácter canario?

Jordi: “Muy a gusto. Aunque mi personaje no lo es tanto, tal vez sea el menos canario de todos. Me siento muy bien, creo que es muy internacional, pero como dice Aarón, he ido pillando todo poco a poco. Creo que los canarios son muy divertidos. Y sobre todo, se dan mucha caña a sí mismos”.

-¿Y han congeniado Jordi Sánchez y Aarón Gómez?

J.: “¿Te imaginas que te diga que no…?” (risas)
A.: “Sí, la verdad es que sí. Lo mejor que se puede decir de alguien tan conocido en España es que es normal… y Jordi lo es”.

-¿Cómo surgió la idea de compartir escenario?

J.: “Creo que fue simplemente porque se les ocurrió a la gente de Acelera Producciones, que es la productora. Me conocían de la tele y a Aarón y compañía los habían visto actuar. Pensaron que podría ser una buena idea. Y efectivamente, lo ha sido”.

-He leído cosas de ambos que son muy divertidas… ¿Qué es más importante para ustedes, escribir o actuar?

A.: “Yo creo que son experiencias muy diferentes. Escribir es soñar desde la butaca en la que escribes y actuar es hacer el sueño realidad. Ambos son caminos muy interesantes. Uno es por dentro y otro es por dentro y por fuera. Actuar es más catártico, pero son dos cosas que no compararía”.

J.: “Yo empecé a escribir para generarme trabajo. Comencé en la Escuela de Teatro y hago las dos cosas, aunque siempre he dicho que soy un actor que escribe y no un escritor que actúa. Cuando estoy trabajando en la tele, que es un desbarajuste total, rodeado de 100 personas todo el día, me apetece mucho encerrarme en mi casa a escribir, pero a su vez, cuando llevo mucho tiempo en casa, me quiero ir corriendo al plató. Soy como un culo de mal asiento, pero en definitiva, muy actor”.

-¿La televisión encasilla mucho?

A: “Yo estoy por ver si la televisión encasilla o no. Voy a empezar un proyecto televisivo en breve…”

J.: “No lo tengo tan claro. Yo he hecho dos series con personajes muy potentes, muy claros. Con mi primer papel, que no tiene nada que ver con el de Antonio Recio, me decían: ‘Ojo, que la tele encasilla’, pero después en La que se avecina me dieron otro completamente distinto. Por lo tanto no creo que sea así del todo. De todas formas, bienvenido el encasillamiento si sirve para ganarte la vida, aunque te diré algo: la gente por la calle te para menos el lunes que el viernes. En cuanto pasan cuatro días se olvidan de ti. Es así de cruel”.

-¿Crees que la gente se olvida tan pronto de personajes tan reconocibles como Antonio Recio?

J.: “No, tal vez no, pero se trata de hacer otras cosas. Al menos es lo que intento”.

Estamos en día de elecciones municipales. Antes le he preguntado a Jordi Sánchez si había podido votar y me ha dicho que no ha llegado a tiempo para hacerlo por correo. Aarón Gómez, por el contrario, ha votado a primera hora de la mañana.

-¿Qué hubiera votado Antonio Recio?

J.: “Seguro que lo más radical. Algo incluso más allá de Esperanza (Aguirre). Tal vez se hubiera votado a sí mismo. A Recio le gusta Recio”.

-¿La gente siente empatía por él, a pesar de todo?

J.: “La gente le tiene mucha simpatía, a pesar de ser homófobo, xenófobo y facha. Con la directora lo hablamos desde el principio, intentamos acercar su perfil al del niño malo. Es un personaje al que todo le sale mal, está muy solo, constantemente buscando amigos. El cree que los tiene por todas partes, pero en realidad no tiene a nadie. Da algo de pena, incluso. Siempre digo que el personaje es un bombón. Pero como persona es un saldo, no vale para nada. A mí no me gustaría tenerlo de vecino, te lo aseguro”.

-¿Vives en un edificio, por casualidad?

J.: “Vivo en una comunidad de cuatro vecinos”.

-¿Y no te habrán propuesto ser…?

J.: “¿Presidente? Me toca serlo cada cuatro años, sí (risas). La primera vez que me tocó, me había ido al cine, y cuando volví, me habían hecho presidente. Una especie de castigo por no haber asistido a la reunión. Es una cosa rarísima, porque en la serie todo el mundo quiere ser presidente, cosa que no se entiende. En la vida real nadie quiere ese papel”.

-¿Por qué actores y no cualquier otra profesión?

A.: “Lo mío fue irremediable. La bola de realidad es muy pesada y al final me di cuenta de que esto es para lo que sirvo. Es lo que amo hacer, lo que me llena. Como siempre hay dinero para los vicios, siempre se encuentra tiempo para hacer lo que a uno le gusta. Es fundamental no engañarse a sí mismo. Yo acabé siendo actor cómico porque realmente no había otra posibilidad, todo mi ser iba hacia allí”.

J.: “Porque me gusta. Sencillo. Además me gustó desde siempre, desde muy pequeño. Pero antes fui otras cosas. Soy enfermero, por ejemplo. Lo de la actuación no lo decidí antes un poco por el miedo paterno y porque en mi familia no hay ninguna tradición. Como la mayoría de los actores, estudié otras cosas, por si acaso, pero en cuanto le perdí el miedo, me metí en la escuela de teatro”.

-¿Y qué dicen sus familias ahora?

A.: “Mis padres son muy sensibles y muy abiertos. Yo miraba las películas de Monty Python con mi padre. No entendía mucho, pero estaba clarísimo que me gustaban. Ellos me han apoyado siempre; mi hermano mayor se dedica al arte, así que esa sorpresa de tener un hijo artista se la llevaron con él. Me allanó el camino”.

J.: “Ahora están contentos y encantados, porque me salió bien. Hasta el día de hoy. Mañana nunca se sabe. Ojo, yo tengo hijos y también me da miedo que en el futuro no puedan ganarse la vida. Así que los entiendo”.

-¿Se vive con mucha incertidumbre la carrera de actor?

J.: “Bueno, ahora cualquier profesión se vive así. Yo creo que se ha alineado el nivel de incertidumbre de cualquier profesión con la de actor, que siempre ha sido el colmo de la incertidumbre. Nunca sabes cuándo vas a dejar de trabajar. Pero te acostumbras. Si puedes, guardas dinero. Y si no, pides” (hace un gesto de resignación).

A.: “Estoy de acuerdo con Jordi, ahora cualquier profesión es incierta. Antes sí se cumplía aquello de que para tener trabajo debías de estudiar esto o aquello, pero ya no. En mi familia se da la gran paradoja de que mi hermana que es arquitecta no ejerce y yo creo que soy el que tiene más trabajo. Como nunca viví en la seguridad, esta realidad actual no me acongoja demasiado. Incluso he dejado de trabajar en oficinas porque no podía soportarlo, no soy un animal para enjaular”.

-Jordi, ¿qué es lo que te gusta de la televisión?

J.: “Lo mismo que me gusta del cine, poder matizar, perfilar y decidir lo que hago en cada momento. Pero el teatro tiene el aliciente, el gran aliciente, del público. Los nervios y el desafío de enfrentarse cada noche o cada tarde a un teatro lleno. En la tele eso no existe”.

-¿Se ponen muy nerviosos antes de actuar?

J.: “Bueno, depende del día. Pero estoy más tranquilo en el sofá de casa, eso está claro. Lo bueno es que una vez que has salido al escenario se te quita todo. Antes de salir piensas: ‘Por qué me habré dedicado a esto’, pero en cuanto estás ahí afuera, te invade el buen rollo y se empieza a generar mucho bienestar. La segunda vez en el día que salgo al escenario ya no tengo nervios para nada. Es maravilloso”.

A.: “Lo mío va por épocas. Ahora tengo una etapa de ponerme muy nervioso otra vez. A veces me paso, porque soy un poco ansioso y neurótico. Tengo ese punto de la autoestima fluctuante”.

-¿Qué pasa si se olvidan del papel en medio de una actuación?

J.: “Si pasa, Aarón te saca rápidamente (risas). Eso le sucede a todos los actores alguna vez…”

A.: “Lo que tiene de bueno es que el público no se da cuenta en general de nada. Porque no saben. Y si no pierdes la calma todo va bien, los compañeros siempre ayudan”.

-¿Creen que hay algún tema prohibido o tabú para el humor?

J.: “Yo creo que el tiempo es fundamental, es el que dicta sobre lo que se puede o no hacer humor. Si acaba de ocurrir un hecho traumático, no se puede. Pero al cabo del tiempo ya se abre la veda. Ahora todo el mundo hace humor sobre nazis y judíos, por ejemplo. En su momento era impensable”.

A.: “No hay temas tabú. Y creo que enseguida se hace humor de cualquier tema, solo que en privado. Es verdad que para hacerlo público hace falta que pase el tiempo, dependiendo de lo que se trate. Pero yo creo que el humor está ahí para ayudar a superar la barbarie, a superarlo todo”.

-¿Les gusta el humor negro?

A.: “Me encanta el humor negro”.

J.: “Y a mí. Pero también el blanco. En realidad nunca piensas si estás haciendo humor blanco o negro. Normalmente hay una de cal y otra de arena”.

-¿Entonces creen que el humor tiene el poder de salvarnos, de liberarnos, de redimirnos?

A.: “Yo creo que no. Creo que solo tiene el poder de permitirnos sobrellevar las situaciones”.

J.: “Tiene el poder de liberarte, de traerte aire fresco. Si estás triste y vienes aquí y estás una hora pasándolo bien, creo que sales de otra manera. Ya es bastante, muchísimo, poder estar riéndote durante un rato, totalmente fuera de la realidad que te está oprimiendo. La gente te agradece esas cosas. Ahora que está todo el mundo hecho polvo con la crisis, eso es fundamental y también forma parte de nuestra función”.

-¿Creen que el humor te puede sacar de una situación que aparentemente no tiene solución?

A.: “De un mal rollo sin duda”.

J.: “Para liberar tensiones va muy bien. Cuando está todo muy tenso y alguien dice algo divertido, la situación se relaja”.

-Les ha ocurrido muchas veces, supongo.

J.: “Mil veces”.

A.: “Sí, aunque puede que te quieran matar, también…”.

-Jordi, ¿tienes algún proyecto cinematográfico?

J.: “Sí, empiezo una película como actor, una comedia que se llama Cuerpo de élite, con María León, Carlos Areces, Silvia Abril. Empezamos ya, en pocos días. Una producción chula con un guión que me gusta mucho”.

-Aarón, ¿se te ocurre un titular para esta entrevista?

A.: “Cuando empezamos con El trámite, surgió una frase con la que, de hecho, terminamos la obra. Mi máxima es que la vida no tiene sentido pero hay que vivirla, así que lo mejor es exprimirla, sacarle todo el partido posible. Y a lo que nos dedicamos los cómicos, como decía antes Jordi, es a recordarle a la gente que la felicidad está ahí. Así que: sonrían, que la vida es un trámite”.