La gastronomía virtual

Hoy la comida es la gran fiesta. Cuando caen en desuso otros placeres, la charla y el buen comer son dos hábitos que nos consuelan y nos aferran a la vida. La comida, al ser algo pegado al terruño, une a los pueblos.Los sentidos piden paso, las sensaciones desplazan a la razón y al espíritu en estos días, las emociones desean ser pensadas y comer es una de estas sensaciones de moda. De ser un hábito básico que nos mantiene vivos y que compartimos con los animales, el comer, el arte culinario, es ya más que un arte. Por lo menos eso es lo que nos comunican a toda hora y con todo lujo de detalles los diferentes medios que nos ponen sobre la mesa los platos más exuberantes, los sabores más exquisitos y el emplatado más atractivo que usted pueda imaginar. La cocina es hoy una industria que da prestigio a quien la maneja con soltura, los cocineros y cocineras son elevados a los altares con aromas de anís estrellado como semidioses capaces de combinar el azar, la liturgia de los alimentos y la sofística.

Hoy más que nunca proliferan los programas de radio que hablan sobre las mil combinaciones que podemos hacer con un pimiento o una cebolla; la gastronomía, con sus cominos y sus hojas de laurel, ha saltado el oculto ámbito de lodoméstico para no volver jamás. Hacer de comer de puertas adentro con los aromas abiertos al patio, no interesa. Vale más plantarse delante de una cámara en un formato televisivo que se repite con variado rostropor todo el planeta, que hacer de comer en la intimidad de los fogones donde, según Teresa de Ávila, habita también la divinidad y la grandeza de lo cotidiano. La cocina como toma de tierra, como ejercicio y descanso para quienes se ven saturados en asuntos espirituales o intelectuales, es una realidad;como en su momento también aconsejó Luciano de Samosata en su breve novela Historia verdadera a quienes se ven fatigados por el mucho pensar. Puede que tenga esta función sanadora la gastronomía de hoy – junto con el fútbol – que ante la saturación y confusión de nuestro mundo, hacer de comer y ver los goles de Messi sean una cómoda alternativa para apagar desasosiegos y aburrimientos.

La estética gastronómica ayuda a digerir no solo los alimentos sino la realidad que nos circunda. El aparato digestivo nos dice en muchas ocasiones, nos da pistas, si estamos digiriendo una situación laboral o personal como es debido, o no, porque de otra manera aparecerán las afecciones gástricas que dan signos externos de emociones no han sido aireadas en condiciones óptimas. Son muchas, y en Canarias la cosa no ha cambiado, las personas que solo ven la comida a través de la tele porque la luz de su nevera se muestra con una claridad cegadora, en medio de esta estetización de la gastronomía que enseña una virtualidad saturada de alimentos en contraste con una realidad donde miles de televidentes, y gran parte en paro, no tienen lo básico: la comida.