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Hoy se cumplen cinco años de la muerte de José Saramago

EUROPA PRESS | Madrid

Este jueves se cumplen cinco años de la muerte del Nobel de Literatura José Saramago, quien falleció el 18 de junio de 2010 a los 87 años de edad en su domicilio de la isla de Lanzarote (Canarias), donde vivía desde la década de los 90.

José de Sousa Saramago nació en Azinhaga (Portugal) el 16 de noviembre de 1922 en el seno de una familia campesina y, en 1924, se trasladó junto a sus padres y su hermano mayor a Lisboa, donde cursó sus estudios de Primaria y comenzó el ciclo de Bachillerato.

Sin embargo, el autor no pudo terminar la educación secundaria debido a las dificultades económicas de su familia y, con apenas 12 años, ingresó en una escuela de enseñanza profesional para aprender el oficio de cerrajero mecánico. Después de cinco años de formación, desempeñó este empleo durante 24 meses en un garaje de la capital portuguesa.

Durante su proceso de formación como cerrajero, Saramago tuvo la oportunidad de estudiar Literatura, a pesar de que el curso educativo estaba destinado a preparar profesionales técnicos. En esta época, comenzó a frecuentar una biblioteca pública de Lisboa durante la noche. “Y fue así, sin ayudas ni consejos, apenas guiado por la curiosidad y por la voluntad de aprender, que mi gusto por la lectura se desenvolvió y pulió”, aseguró el escritor en una pequeña autobiografía en la página ‘web’ de su fundación homónima.

Gracias a su educación autodidacta, Saramago se puso en contacto con el mundo de la literatura y, en 1947, publicó su primer libro, un romance titulado A Viúva (La Viuda, en castellano), pero que, por “conveniencias editoriales”, fue publicado con el nombre de Terra do pecado (Tierra del pecado).

Después de esta obra, escribió la novela póstuma Clarabóia (Claraboya), y el comienzo de otra novela que nunca terminaría. Según el autor, tras abandonar este último proyecto, percibió que “no tenía que decir nada que valiese la pena”, por lo que abandonó la escritura hasta 1966.

En cambio, Saramago volvió al mundo de la literatura a finales de los 50 después de ingresar en la editorial Estúdios Cor, lo que le permitió conocer y establecer relaciones de amistad con algunos de los escritores portugueses más importantes de su tiempo. Asimismo, y para “mejorar el presupuesto familiar”, comenzó a dedicar parte de su tiempo libre a trabajos de traducción de autores como León Tolstoi o Charles Baudelaire.

En 1966, el autor publicó la colección poética Os poemas possíveis, después de casi 20 años alejado de la escritura. De esta forma, Saramago vivió su etapa de máximo esplendor durante la madurez y, gracias a títulos como Memorial del convento (1982) o Ensayo sobre la ceguera (1995), se hizo un hueco entre los mejores novelistas contemporáneos.

Saramago y el periodismo
En 1971, abandonó la editorial e ingresó en el mundo del periodismo como responsable del suplemento cultural del Diário de Lisboa para terminar trabajando, cuatro años más tarde, como director adjunto del Diário de Notícias. Fue despedido siete meses después por motivos políticos y, a partir de ese momento, se dedicó por entero a la literatura.

“Sin empleo una vez más, ponderadas las circunstancias de la situación política en que entonces se vivía [la dictadura de Salazar] y sin posibilidad de encontrar trabajo, tomé la decisión de que me dedicaría enteramente a la literatura: ya era hora de saber lo que podría valer como escritor”, aseguró Saramago, quien en 1980 publicó la novela ‘Levantado del Suelo’, la obra que marcó su estilo literario, una aproximación original a la fantasía perfilada, entre otras cosas, por su empleo característico de los signos de puntuación.

Lo fantástico y lo alegórico
Según el escritor y semiólogo Umberto Eco, quien prologó la edición italiana de la antología de Saramago El Cuaderno (2009), el autor portugués cuidaba la puntuación “hasta el extremo de hacer” que desapareciera y, en su crítica moral y social, no afrontaba “los problemas de frente” sino que los rodeaba “bajo las formas de lo fantástico y lo alegórico”. “Saramago hace que el lector viaje en una niebla láctea en la que ni siquiera los nombres propios dan una señal claramente reconocible”, añadió el catedrático italiano.

Dos años después de publicar El Evangelio según Jesucristo (1991), que fue censurado en Portugal por su crítica frontal a la religión católica, Saramago se desplazó a la isla canaria de Lanzarote. Según el autor portugués, el Gobierno de su país vetó la presentación del libro al Premio Literario Europeo y, por ello, decidió cambiar de residencia junto a su segunda esposa, la periodista española Pilar del Río, con quien se casó en 1988.

Durante su estancia en España, publicó dos de sus novelas más populares Ensayo sobre la ceguera (1995) y Todos los nombres (1997) y, en 1998, conquistó el Premio Nobel de Literatura gracias a su estilo limpio y cercano a la prosa poética. “He sentido una emoción muy fuerte y, como ocurre casi siempre con todas las emociones fuertes, uno no se entera; lo sufre, lo siente, pero verdaderamente no se entera, y es con el paso del tiempo cuando uno se da cuenta de lo que ha ocurrido”, aseguró después de conocer la noticia.

En activo hasta el final
En los últimos años de su vida, continuó publicando novelas y obras autobiográficas con asiduidad y, en esta etapa, destacan títulos como El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004), Intermitencias de la muerte (2005) o El viaje del elefante (2009). Asimismo, desde septiembre de 2008, el autor cultivó el ensayo de carácter cultural, político y social en su bitácora digital, en donde desarrolló un estilo duro y directo que contrasta con el resto de su narrativa.

“Antonio Machado escribió aquello de ‘Caminante, no hay camino / Se hace camino al andar’. Y es lo que estamos intentando: andar y hacer camino, hacer camino y andar. La jornada será larga, pero no nos desanimaremos. Cada día llegaremos, cada día partiremos. Más allá, siempre más allá”, destacó el escritor en la página ‘web’ de su fundación.