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Tahiche Díaz: el (imposible) ordenamiento del cosmos

taiche

POR VERÓNICA FRANCO

Tahiche Díaz (Tenerife, 1977) es uno de los artistas más prolíficos de Canarias y lleva trabajando y exponiendo desde 1995. Su labor artística comprende la escultura, la pintura, el dibujo y el vídeo y su búsqueda es la de comprender -pero sobre todo contar- la realidad en sus múltiples aspectos: filosófico, político, social, poético. Nos encontramos en Garachico y me cuenta que hace parkour (deporte que consiste en trazar una línea recta imaginaria entre dos puntos y sortearla sin importar los obstáculos que se encuentren en el camino, incluyendo saltos y volteretas imposibles). Al principio solo me parece un detalle curioso, pero al finalizar la charla me doy cuenta, una vez más, de que la casualidad no existe. Tanto en la vida como en el arte, Tahiche salta de un obstáculo a otro para intentar acortar caminos y dar con el punto equidistante entre lo que puede ser y lo que es, entre la posibilidad y la realidad, entre lo real y lo imaginario. Su exposición Arqueología del Astronauta Desmemoriado y Sonidos del Paraíso, hasta el 30 de agosto en el TEA-Tenerife Espacio de las Artes, da buena cuenta de todos esos saltos, esas elipsis, esas búsquedas. “La exposición más irónica y arriesgada de todas”, en sus palabras, reúne gran parte de su obra incluyendo piezas inconclusas, para que el propio espectador termine de armar la historia. Pero su mirada irónica, grotesca, inusual, inquietante, no se agota en su obra artística sino que va más allá. Casi un activista social (sé que rechazará esta etiqueta), Tahiche es uno de los creadores, junto con Cristina Gámez, de El Paseante, Espacio de Arte, un espacio alternativo que fomenta la independencia y la autosuficiencia del artista y ha participado y participa en numerosos proyectos sociales-artísticos que buscan la inclusión, la participación y el cambio social a través del arte. Difícil, sí. Pero a Tahiche Díaz no le hables de obstáculos. O, mejor, sí: porque le encantan.

-¿Qué es lo que se ha perdido en la memoria del astronauta desmemoriado?

“La memoria del siglo XX, un conocimiento muy específico que necesitamos revisar. Toda la exposición en realidad es una mirada a la memoria. Y el astronauta tiene doble desmemoria: la del vínculo con el control en la Tierra, con el de la política socioeconómica-cultural actual y luego una desmemoria histórica que tiene que recuperar. Es necesario preguntarnos quiénes hablan de la realidad y también mirarnos a nosotros mismos que somos los que hablamos de la realidad por medio de la ficción. La exposición está hilada desde una perspectiva irónica y hace referencia a las artes, al explorador, a los que intentan cambiar las perspectivas de las cosas. Nos están impidiendo ver la realidad de otra forma y eso es por lo que estamos luchando. Esta es mi forma de manifestarme, es la manera que elegí hace cuatro años”.

-¿Por qué hace cuatro años?

“Coincide con el inicio del 15M y de las grandes manifestaciones populares por el cambio. El astronauta desmemoriado tiene una misión de 1.161 días que son cuatro años que me han servido para hilar dos historias narrativas, las de Arqueologías del Astronauta Desmemoriado y los Sonidos del Paraíso, que me permiten hablar de ámbitos de la realidad. Estas obras son excusas, por eso son tan libres. Sirven para el diálogo, son un intento de huida de lo categórico”.

-¿La gente capta el mensaje?

“Estoy muy contento porque esta exposición está llegando a mucha gente, también a los que no han tenido acceso al lenguaje de las artes. También se puede considerar pop en el sentido de que utiliza la figuración y exhibe un par de posturas que ahora mismo digamos que son arriesgadas porque no atienden tanto a lo formal exterior sino al sentido, al mensaje. Busca vibrar, causar misterio más que gustar en una imagen estética académica”.

-Entonces, ¿le gusta a casi todos?

“Ha gustado a gente que no tiene contacto con el arte pero que es sensible. Pero también les ha gustado a las ‘máximas autoridades’ (se ríe), los entendidos del arte. Y en cuanto al ámbito de lo que se ‘debe’ hacer en un momento como el presente, de ‘nueva modernidad’… (duda), a los que están en la primera fila del mercado del arte a lo mejor no les gusta tanto…”.

-¿Por qué?

“No lo tengo muy claro, pero a lo mejor debería ser más críptica e inaccesible. También se me ha criticado que sea disperso. Pero para mí, ese ser ‘disperso’ es una libertad. Hay muchos materiales, muchos sentidos, muchas formas”.

-¿Disperso porque no te ciñes a una idea concreta?

“A una serie de ideas, a un estilo. En la exposición hay piezas que podrían considerarse incluso fallos. Piezas no terminadas, con la idea de que las acabe el público. La música jazz podría ser un buen ejemplo para explicar esta idea, caminos inconclusos que llevan a otros, y así…”.

-Entonces, ¿tu proceso creativo pasa por esa búsqueda jazzística por decirlo de alguna manera?

“En lo que atañe a la parte de los encuentros con la naturaleza caprichosa, cojo un poco de barro, lo pongo delante de mí e intento negarme a mí mismo, quitarme del medio, no ser un obstáculo para la forma que quiere manifestarse. Uno está demasiado lleno de información y de influencias y es importante volver a conseguir cierta ingenuidad y frescura. Alain Resnais, el director de cine, decía algo así como: “Hay que hacer un recorrido por la cultura muy grande para recuperar de nuevo la ingenuidad”.

-¿Hasta qué punto consigues negarte a ti mismo en el proceso de creación?

“Lo consigo por completo. Y al mismo tiempo no, claro que no (se ríe). Estoy jugando en dos bandos. De todas formas, las exigencias de negarte a ti mismo tienen que ver con una regla que cumplo a rajatabla y es la de no regodearme en mis virtudes plásticas. Siempre tengo que innovar, mirar un poquito más”.

-Pones en duda tus obras.

“Sí, las cuestiono. La duda es lo que me sitúa en la realidad. No hay verdades, uno busca la suya. Cuando hago una obra surgen ciertas preguntas que se funden con una forma, se relacionan, se niegan. Y luego llega el momento en que toman autonomía y se produce la petrificación de ese diálogo que, aunque inconexo, será el que te sirva para contar las historias. Esto es lo que quería con el astronauta desmemoriado, que cada uno decidiera su propia aventura. Pero para ello tienes que partir de una posición y un criterio y luego intentar seducir al espectador, atraerlo”.

-¿Seducirlo?

“Sí, porque de otra manera los está atrapando Coca Cola con sus anuncios. ¿Quién te cuenta la realidad? Te la cuenta la tele y a través de ella, las corporaciones. Y los artistas, en mayor o menor medida, estamos combatiendo molinos. Luchamos por poder hablar del sentido del mundo y no nos escucharán si no los seducimos. Intentamos arrancar a la gente de la influencia de Coca-Cola y McDonald’s (por poner ejemplos). Los medios masivos, con su visión de los valores que deberíamos tener, nos atrapan. Y yo no puedo hacer una exposición y después irme a mi casa como si nada. Tengo que seguir trabajando, es un compromiso. Por eso también formamos el Paseante – Espacio de Arte, porque el artista necesita ser independiente. Hay un canal a aprovechar que se está menospreciando porque los artistas hablamos del mundo desde otro punto de vista, uno fuera de lo comercial, que no genera beneficios y esa nueva visión no interesa. Lo que interesa es que otros hablen del mundo y te digan todas las necesidades que tienes que cubrir para ser feliz”.

-Aunque tengas una visión muy crítica, has logrado el apoyo de las instituciones.

“Yo soy bueno para ejecutar ideas, creo. Por eso en ocasiones me apoyan (aunque trabajo tanto en el ámbito público como en el privado, digamos que soy un autónomo libre), hay una profesionalidad y un grupo potente detrás de mi y podemos enfrentarnos a cualquier idea. Sin embargo, trabajar con las instituciones no es fácil. ¿Un artista invirtiendo en industria cultural? Lo mío es digno de El Quijote…”.

-Se le pide mucho a las instituciones y a los gobiernos… ¿pero qué hace el artista?

“El artista debe posicionarse y no esperar que todo le venga dado. Tiene que saber escuchar y comprender, respetar e interactuar. Eso falta en política, pero también en todos los demás ámbitos”.

-¿Eres un artista activista o un activista artista?

“Soy un organismo pluricelular y multiatómico” (se ríe).

-Cuéntame más del Proyecto Quimera…

“Es un proyecto interrelacional que engloba la cultura y el arte, la educación y la mejora de un lugar físico. La idea surge desde Santa Úrsula donde me encargaron un taller donde pudiera hacer escenarios para cuentos y se nos ocurrió mezclar diferentes necesidades. El taller tiene doble función: contratar a gente de las artes con un sueldo digno e incluir de 10 a 20 chicos que estén en situación de exclusión social con una beca y que participen de un proyecto que hacemos para el lugar y que dejamos abierto para que se pueda seguir trabajando en él al terminar la legislatura. En ese proceso vamos descubriendo quiénes son ellos como personas, desarrollamos su capacidad de crítica, intentamos que sean conscientes de que todos los integrantes de la sociedad podemos cambiarla y que todos tenemos poder. Con Quimera también buscamos integrar a las minorías, que en este caso son los excluidos sociales. Y de paso hacemos una reflexión: los artistas, que también somos minoría, estamos apaleados actualmente…”.

-Muchos sectores están así. Sin embargo, los ricos han crecido un 40% en España, lo acabo de leer.

“Es una jugarreta, todo huele a jugarreta. Pero claro, antes, para protestar te ponías delante de un tanque y ahora…”.

-¿Y ahora?

“Ahora creamos el Proyecto Quimera” (risas).

-¿Y los resultados?

“Muy buenos. Intensísimos. Los chicos ven a los artistas como sus iguales. Muchos han terminado con ganas de trabajar y de estudiar. Y no creas que los mandamos para Bellas Artes, no aleccionamos. Solo buscamos lo que creemos que tienen de bueno, que pueden explotar, quiénes son de verdad. Si le damos forma al miedo, desaparece. Utilizamos el arte como una armadura (de hecho tenemos unos trajes tipo armadura, simbólicos) para que sepan defenderse…”.

-El discurso del poder (de cierto poder) dice que la cultura es lo que menos necesitamos en momentos de crisis, sin embargo proyectos como este hablan a
las claras de todo lo contrario…

“Eso se llama incultura en el poder. A todos nos preocupan las mismas cosas, sin embargo no lo sabemos porque el diálogo se ha suprimido. Hay un distanciamiento, sobre todo emocional y desde este tipo de iniciativas buscamos el convenio, el diálogo. Pero también es cierto que el arte está muy hermético”.

-Exacto ¿No crees que hay un academicismo exacerbado?

“Lo que veo es que algunos artistas hacen obra solo para que ciertos críticos o ciertos otros artistas hablen de ellos. A mi me han tachado de demasiado popular o de que soy frío. Pero mi labor es dignificar nuestra profesión. Y para eso tenemos que entrar en el sistema, necesitamos pagar la luz y comer”.

-Eres todo lo contrario a muchos artistas que están muy centrados en desarrollar sus ideas y su personalidad artística…

“Yo creo en el individualismo para lo colectivo, creo en la autenticidad individual para llegar a la objetividad. Busco los métodos que funcionan para llegar a lo social, para reconocer que vamos cambiando y los métodos también tienen que acompañar ese cambio”.

-Está claro entonces que crees en el poder de transformación social del arte

“Absolutamente. Todo el movimiento artístico revolucionario de los 60 y 70 ha sido fagocitado por los medios, por la publicidad. Pero ese mismo impulso de cambio ha estado en el siglo XIX y antes. Es cíclico y es propio de los movimientos sociales y culturales. No podemos hacernos eco de expresiones como ‘el arte ha muerto’. No, solo hay nuevos ojos para ver las mismas cosas”.

-Política, cultura, pero… ¿cuál es el papel de la naturaleza en todo esto?

“El papel es doble. Se trata de nuestra naturaleza y la que nos circunda. Todo está interrelacionado. Siempre buscamos métodos para integrar y encajar la realidad y a eso juego yo desde hace mucho tiempo. El desequilibrio y equilibrio al mismo tiempo entre el cosmos, lo social y lo individual, es lo que habla de lo humano. Es una búsqueda constante. Si hubiera una objetividad, sería llegar a atisbar cierta comunión, cierto orden entre esos mundos. El arte surge justamente de la imposibilidad de ordenar el cosmos”.

-En todos los escultores (mejor dicho artistas plásticos en general) hay esa obsesión por dominar la naturaleza y la forma…

“Que la naturaleza me domine a mí, por favor (risas)”.

-¿Crees que hay un orden superior por encima de todo…?

“Como dice Ramiro Carrillo ¿Por qué hablar del más allá cuando hay un más acá? Es todo lo mismo, en realidad. Esto de la vida es un experimento muy raro, hay vibraciones que podemos llamar conciencia, razón, conocimiento y hay otras que son más intuitivas. Creo que en esa comunión entre lo que intuyes sobre quién eres, quién debes ser o quién quieres ser, puede haber un camino para buscar la autenticidad”.

-Cuando estás manejando la forma… ¿descubres cosas? Has tenido revelaciones, momentos que hayan marcado un antes y un después?

“Cada momento, en realidad, tiene un montón de pistas, de acertijos. Pistas que yo diría que son descubrimientos fortuitos como el de la manzana de Newton. Estás buscando una cosa, pero encuentras otra. Eso es propio del pensamiento divergente y la imaginación y es algo que reivindican las artes”.

-Y hay mucho de trabajo obrero, de artesano…

“Sí, como decía Marcel Duchamp, en realidad somos panaderos, tenemos nuestra función y nuestras metáforas que hablan del mundo. Encajamos y vemos la belleza de determinada manera y la proponemos a los demás. Pero a mi me gusta hacer el amor, establecer un diálogo…”.

-¿Y no hay momentos de arrebato, de imposición de fuerza, de irracionalidad?

“Claro que sí, porque lo necesito y me lo pide el momento. Pero suele ser mutuo” (risas).

-El arte nos puede salvar, entonces.

“Es maná, el arte es maná. Si fuéramos felices, si todo estuviera encajado, no necesitaríamos arte”.